jueves, 16 de marzo de 2006

A MÍ ME PUTEÓ LAGOS

Ricardo Lagos nunca fue un tipo fácil. Su estilo autoritario y directo lo han caracterizado como un hombre duro y su dedo, desde que apuntó a través de una cámara al mismísimo Pinochet, se ha convertido en un arma de temer. Ha quitado el saludo, ha vetado el ingreso a La Moneda, ha dicho que nadie lo va a callar y ha sido comparado con Luis XIV. Acá, algunos testimonios de aquellos que se atrevieron a criticar o cuestionar al Presidente y que sobrevivieron para contarlo.

Por Juan Pablo Figueroa L. y Jorge Rojas G.



Felipe Letelier, diputado PPD
“Lagos no es leal con los que pelan el ajo por él”

Siempre íbamos a los famosos happy hour de La Moneda y ese día yo había pensado ir por un ratito nomás, unos 20 minutos y retirarme, porque tenía una reunión con algunos profesores de la UTEM, que me asesoran en distintas materias.
Como todos los huasos, fui amable y sonriente a saludar al Presidente. Él estaba en medio de senadores, diputados y ministros y cuando me acerqué dijo “así como este señor –refiriéndose a mí- que me anda gritando por el diario”.
Yo me di cuenta enseguida de lo que se trataba, pero como soy acampado y bruto, le dije “mire, Presidente, fuimos juntos a ver la obra de regadío Laja-Diguillín y sabemos los dos de lo que estoy hablando. Lo que yo dije en esos medios y periódicos lo ratifico, porque claro que creo que está mal concebida esa obra”. Pero acá nadie estaba haciendo tabla raja con la crítica, entonces me dice “no, mi amigo. Acá se van a regar no sé cuantas hectáreas. Con diputados así no se puede trabajar”. Yo ahí cometí el error del huaso abrutado de contestarle al presidente. Estábamos todos y alguien, no recuerdo quien, me empezó a dar pequeños golpes en el talón, como diciendo “¡oye, hueón, quédate callado!”. Ese diálogo fue bastante áspero porque le decía que estaba mal concebido el proyecto, que estaban mal invertidas las platas y que era un arrogante. Yo respetaba que dijeran lo contrario, pero también quería que respetaran mi opinión. Porque uno puede decir que la obra es bonita, rentable, factible, lo mejor de lo mejor, pero tú puedes pensar lo contrario, que no es tan así. Lo que dije lo hice entendiendo que estábamos en un país de tolerantes, de gente que respeta mutuamente sus opiniones.
Me seguían pegando en la pierna y me topaban para que cortáramos el cuento. Ahí le dije a Lagos, “mire señor Presidente, la diferencia de los otros parlamentarios conmigo, es que yo tengo el defecto de hablar las cosas de frente, y no como otros que le sacan la cresta a usted en el Parlamento y cuando llegan aquí son verdaderos corderos”. Luego le di la mano, le pedí disculpas y me fui.
Yo no sabía que el caballero se iba a molestar tanto. Cómo es posible que en este país alguien no pueda criticar, incluso siendo de la misma fila. Además, con Lagos nos conocemos hace muchos años. Fui presidente de la comisión de OOPP cuando Lagos era ministro, y no era fácil. Con Lagos, pese a que tenemos las tremendas afinidades de luchar por la democracia, la libertad, siempre tuvimos una hueá de carácter encontrado, y como mi abuelo decía, “entre bueyes no hay cornadas”. Uno no reclama, se queda calladito nomás. Sólo chista.
Si hubiera sabido que Luis XIV se iba a molestar tanto, mejor me hubiera ido conejeando, como decimos en el campo. Pero yo no sabía que iba a ser tanto. Tuve que dar explicaciones públicas, porque si el Presidente se sintió ofendido por esto, acá van las disculpas por la radio, la televisión o cualquier medio. 10 días después, las obras que criticaba quedaron paradas. Yo me podría haber enriquecido políticamente ahí, decirle a Lagos todo en una conferencia de prensa en terreno, pero no lo hice.
Quedé bien sentido con Lagos. Nosotros nos sacamos la cresta en su campaña y nos la jugamos por sus proyectos, y sé que Lagos no es leal con los que pelan el ajo por él y los cercanos a sus proyectos e ideas. Por eso me gustó la frase de Michelle Bachelet, que ella va a gobernar con mucha energía pero con afectos, no con esa arrogancia, esa soberbia que caracterizan a Lagos.
No tendría ningún problema en pararme de nuevo ante Lagos. Los hombres deben ser capaces de plantearse frente quien sea. Si pudimos hacerlo ante Pinochet y medio mundo, cómo no vamos a poder hacerlo con Lagos. Cuando uno lucha por principios, uno tiene que luchar por principios para todos. Así tiene que ser.


María Paz Villalobos, bióloga marina
“Fue como ver a Pinochet en sus tiempos”

Nosotros extendimos un cartel que hacía referencia a la contaminación con arsénico que estaba ocurriendo en Valdivia sólo para que Lagos lo viera. Ni siquiera habíamos pensado en protestar, sino que sólo pretendíamos que viera el cartel, pero la cosa cambió frente a cómo empezó carabineros a tratar a la gente, porque abajo a los de Acción por los Cisnes los habían diluido completa y espantosamente mientras pasaba el Presidente, para que nadie dijera nada. Un nivel de represión heavy por parte de una comisión tremenda de pacos, y que siempre está presente en los actos de Lagos. “Lagos, Celco, Arsénico” decía el cartel, que medía 16 metros.
Mientras el Presidente estaba dando su discurso, nosotros preparábamos una pregunta para hacerle cuando lo terminara. De repente, entremedio de su charla, Lagos dijo una mentira. “Vamos a empezar una nueva región (de Los Ríos), libre de contaminación y libre de arsénico”. Eso no era cierto. En el río ahora hay mucho arsénico y muchos contaminantes, por lo que interrumpimos el discurso con un megáfono y le hicimos una pregunta. Él había apoyado el funcionamiento de las instituciones jurídicas y ambientales dentro de la problemática del caso Celco-Santuario y, posterior a ese apoyo, el santuario del Río Cruces se murió, con toda su fauna y flora, el agua se contaminó, el aire está polucionado y los ríos tienen arsénico. “Señor Lagos –le preguntamos-, ¿el funcionamiento de las instituciones jurídicas y ambientales de nuestro país es a costa de nuestra salud?”. La gente se enardecía y gritaba, pero él se quedó en silencio unos minutos, no respondió. Nosotros le repetimos la pregunta. De repente, empezó a decir que nosotros no le íbamos a enseñar lo que es la democracia, que él había pasado por la dictadura hablando y diciendo las cosas, que nosotros no lo íbamos a hacer callar, que no entendíamos nada de democracia. Fue una sarta de frases históricas que mostraban que se había desesperado mucho. Había perdido el control del cuento, como que lo pilló muy desprevenido. Ahí empezó a invitar a la gente para que nos pifiaran, nos echaran, hasta que llegaron los pacos y nos sacaron violentamente. Sin armas, drogas, alcohol ni resistencia, agredidos y descalificados por hacer sólo una pregunta. El mandatario del pueblo incitaba a la división del mismo.
Lagos nunca respondió la pregunta, pero me dijeron que una vez, en televisión, le hicieron la pregunta sobre lo que ocurrió en Valdivia y él reconoció que había cometido un error, que lo que debería haber hecho era responder la pregunta. Su reacción fue completamente autoritaria. Fue como ver a Pinochet respondiéndole a alguien en la calle en sus tiempos.
Nos abrieron dos procesos judiciales por eso. Uno fue por desórdenes en la vía pública, que al final fue derogado porque estábamos en propiedad privada. Posteriormente, la defensa pública nos levanto cargos por injurias al Presidente, pero eso también fue derogado porque el artículo que señalaba la sanción por injurias al presidente había sido quitado de la Constitución unos meses antes. Lagos ha callado el problema y ha respaldado terriblemente a la empresa y lo peor, nuestros derechos constitucionales: vivir en un medio ambiente libre de contaminación y expresarnos libremente han sido violados por nuestras autoridades.


Pablo Lorenzini, diputado DC
“Yo creo que el Presidente se equivocó”

Para las elecciones de 1999 con el presidente nos fuimos a tomar un cafesito ahí en la plaza de Armas de Talca cuando él era candidato. De ahí en adelante tuvimos una relación muy franca y bastante abierta. Posteriormente asumí la presidencia de la Cámara de Diputados y por razones protocolares nos encontrábamos a cada rato, estuvimos en el APEC, en cenas con distintos presidentes incluso en esa famosa cena con George Bush, y siempre tuvo un buen trato conmigo y con mi señora. Sin embargo, cuando yo tuve esa intervención en la cámara (acusó al ex Ministro de Obras Públicas Javier Etcheberry, de tener “arreglines” con las concesionarias) el Presidente, por razones que yo aún no comprendo, se espantó públicamente conmigo, que en ese tiempo era Presidente de la Cámara de Diputados. Él no me saludó en algunos actos públicos, cosa que muchos consideraron como no procedente y yo también lo consideré inadecuado, porque mis dichos en ningún momentos se refirieron a él. Así que nunca entendí porque saltó de esa manera y en forma tan sostenida contra el Presidente de la Cámara de Diputados.
Sin embargo, yo lo intuía. La primera vez que no me saludó fue en la Escuela Militar. Capté que venía un poco enojado y no le estiré la mano. Me quedé parado y le hice un gesto con mi cabeza, pero él tampoco estiró la mano. Al otro día en Valparaíso venía saludando a todos, pero a mi puesto no llegó.
Desde ese momento, nunca más me he vuelto a encontrar con él. Ha estado acá en mi zona pero no hemos tenido la ocasión de juntarnos, sin embargo, yo no tengo ningún resquemor.
Yo creo que el Presidente se equivocó y la gran parte de la ciudadanía, como lo reflejaron las encuestas de la época, sabe lo que pasó, porque una cosa es un reclamo y otra cosa es que los poderes del estado tienen que respetarse más allá de las diferencias personales. Ahora él se va a ir y yo voy a seguir en la cámara con la incógnita de porque se sintió tan afectado como papá defendiendo a sus pollos.


Sergio Aguiló, diputado PS
“Lagos es muy arrogante y muy soberbio”

Yo escribí en abril de 2001 un artículo que se publicó en muchas partes y que se llamó “Chile entre dos derechas”, y que, sin acusar de derecha al gobierno de Ricardo Lagos en particular, lo que pretendía decir es que la Concertación, durante todo su período, había hecho una política económica de derecha administrando un sistema neoliberal. Entonces, estaba la derecha clásica chilena, que había apoyado a la dictadura, y esta otra derecha que era democrática. Lagos se molestó muchísimo.
El documento, que era bien largo, escrito con mucho respeto, y que no menciona en ningún lado a Ricardo Lagos, creó mucha polémica. Hubo gente a favor, otra en contra, salió en El Mercurio, me entrevistaron para Qué Pasa. Yo había dicho, efectivamente, que la Concertación era de derecha y que de cierta forma yo me sentía de derecha, porque lo dijo alguien que lleva más de no sé cuantos años en el parlamento. Fue, por lo tanto, una autocrítica, porque yo he votado por leyes de derecha que implicaban seguir manteniendo el régimen neoliberal. Además, es una crítica al sistema del cual formo parte.
En una reunión donde estaba Lorenzini, que fue quien me contó, y adonde yo tenía que asistir, pero no fui por varias razones, Lagos dijo “Yo no me reúno con el diputado Aguiló, así que no entre a reunirse conmigo”. Yo no podía entrar a La Moneda, por lo menos no simbólicamente, porque puede entrar todo el público. No tenía entrada para conversar con el Presidente, no tenía agenda con él. Entonces, yo tomé la decisión de no ir más.
Nunca más me volvieron a llamar y nunca más hablé con él. Nos hemos topado formalmente, nos hemos saludado con cortesía, pero nunca más hablamos. El hecho de que Lagos haya reaccionado así es parte de un cierto estilo autoritario y poco tolerante, creo yo. Puede que haya estado desde siempre en la personalidad de él, pero se ha permitido desarrollarlo gracias a esta costumbre que dejó la dictadura de no atreverse a discutirle a la autoridad. Además, Lagos no se caracteriza por ser una persona de estilo o espíritu tolerante y excesivamente dialogante. Él, más bien, siendo o no Presidente, tiende a pensar que él tiene la verdad y que sólo ésa es la verdad. Es muy arrogante y muy soberbio.
Sigo pensando lo mismo que escribí en 2001 y me sigo sintiendo parte de esa nueva derecha democrática. Es que en Chile se confunde a la derecha con el fascismo, porque siempre estuvieron apoyando a Pinochet y a la dictadura, pero en otros países hay derechas que no son necesariamente fascistas. Creo que en la práctica, la Concertación se ha ido convirtiendo en una derecha democrática republicana, que defiende a los derechos humanos y cosas así, pero derecha.
Lagos nunca me manifestó directamente su molestia por el artículo. Entiendo que se lo manifestó a la dirección del partido, porque en esos días salió mucho en la prensa que la dirección del partido fue citada por el Presidente y que uno de los temas principales que se había hablado era de esta “rebeldía” de algunos diputados, y se refería directamente a mí.
Nunca más me junté con Lagos, pero voy a ir al cambio de mando. Yo fui presidente del comando de Michelle Bachelet, y ella es quien asume. Voy a ir por ese lado, no como invitado del Presidente.



Publicado originalmente en The Clinic, Edición Especial Lagos (marzo de 2006)

jueves, 9 de marzo de 2006

MARÍA PINTO: LA COMUNA QUE NO CRECIÓ CON IGUALDAD

Según la encuesta Casen, María Pinto lidera el ranking como el municipio más pobre de la Región Metropolitana con un ingreso promedio de 266 mil pesos mensuales por grupo familiar. No sólo hay apenas dos médicos y una ambulancia para atender a más de ocho mil personas, sino que aún existen caminos de tierra, casas sin alcantarillado y chilenos que no terminaron el liceo. Acá cinco historias de familias a las que el progreso, el crecimiento y el éxito económico nunca les llegó.

Por Juan Pablo Figueroa y Jorge Rojas G.


EL MENU DE LOS NEGRETE
Fideos solos. Ese es el menú que prácticamente a diario come Juana Malhue y su marido Servando Negrete, un matrimonio que se empina en la tercera edad -ambos tienen 62 años- y que viven con 50 mil pesos mensuales.
Juana y Servando viven en el sector Lo Ovalle, de María Pinto. Su casa es de madera. Y está podrida por la humedad. La ‘decoración’: una par de camas y dos sillones.
Este mes el matrimonio vivirá con $ 50 mil pesos. Y eso que están en buena temporada: primavera y verano son las mejores épocas para ellos. El resto del año, cuentan, ni siquiera les alcanza para pasar el día.
Servando es dueño de ocho hectáreas de tierra que recibió de la CORA, pero en esta cosecha el precio de los choclos no le alcanzó para pagar la semilla. Si eso le ocurrió en los mejores meses del año, cree que en el invierno todo estará perdido: no sabe cómo pagará los $ 250 mil anuales de las contribuciones.
En Lo Ovalle la crecida del estero Puangue deja aislada a toda la comunidad. Se sale el cauce, se lleva el puente e inunda las casas y los caminos. Durante esa época la humedad, el hambre y la falta de dinero se conjugan en la pesadilla de los Negrete-Malhue y de otros varios vecinos de María Pinto, que además de soportar la escasez trabajo, no pueden salir de su casa.
Por eso a Servando se le aprieta la garganta cuando le nombran la palabra invierno. “La zona no ha progresado nada y hay que ponerse un poco duro para pasar la estación”, dice mirando fijo a su esposa. Ambos saben que cuando el agua baje, como todos los años, ellos y sus vecinos tendrán que cortar palos y rearmar el puente. Siempre es lo mismo, acotan.
En el sector todas las casas tienen luz y agua potable, pero el alcantarillado funciona a medias, pues su baño -una caseta que Servando construyó a metros de su la casa-, huele como la peor miseria. Juana se resigna y ya parece acostumbrada a los problemas. Dice que no tiene envidia de las cosas que se hacen en Santiago. Aunque le llama la atención que aunque María Pinto quede a menos de una hora está la capital, donde están las súper autopistas, ella aún vive en un camino de tierra. Le gustaría que el progreso también llegase hasta su a su barrio. O por último tener un buen alcantarillado.


BAÑO PARA 20
La señora Alejandra, del sector de Baracaldo, está horneando pan amasado en una cocina improvisada en el terreno que comparte con otras 20 personas. El olor de la leña consumiéndose se mezcla con el de la ropa tendida y con el que expele de las gallinas, patos, conejos, gatos y perros y el de las casetas de madera que el grupo utiliza como baño.
Hoy le dio asco usar el horno de su cocina. La laucha que encontró en su interior la obligó a salir al patio. Alejandra vive de allegada junto a su pareja y otras cinco familias. Tan insostenible en su situación que hace tres años tuvo que mandar a su hija a vivir con su abuela a Melipilla porque en su casa ya no cabía nadie más. “No tengo dónde tenerla”, dice con la voz temblorosa.
Su pareja gana el sueldo mínimo ($127 mil), del que debe sacar $40 mil mensuales para la pensión de una hija de su primer matrimonio. Entre sumas y restas, Alejandra tendrá $ 33 mil para enfrentar marzo. Pese a todo, con lo que plantan y sus animales, asegura que nunca les ha faltado para comer, pero que no se pueden dar “el lujo” de enfermarse. El problema es que debe hacerse con urgencia una endoscopía que cuesta $34 mil. El examen tendrá que esperar.
En el suelo polvoriento hay granos y corontas de maíz para que las aves coman. También neumáticos viejos, bicicletas antiguas, juguetes rotos, además de conejeras y gallineros armados con maderas y alambres desprolijos. En el patio, una cañería expuesta lleva agua hasta una llave y a una improvisada ducha instalada bajo un árbol. Más allá, dos casetas de madera hacen las veces de baños, donde la cañería no alcanzó. Alejandra asegura que lleva cuatro años pidiendo en la Municipalidad un cañería. Pero “la muni da puros calmantes”, dice.

EL TEMPORERO
Lizette Bustos (22) toma en brazos a su hijo Edison (2) y limpia la mesa para almorzar. Está esperando a Luciano Sagredo (24), su pareja, que todos los días vuelve a la casa para comer algo y continuar con sus faenas como temporero. Gana $120 mil al mes.
El Ajial, donde viven, es uno de los sectores menos rurales de María Pinto: se destaca por tener un camino pavimentado, el único símbolo de la llegada progreso. Allí instalaron hace un año la mediagua que por $ 30 mil le construyó “Un techo para Chile”. Son una de las tres familias del lugar que salieron beneficiadas con el programa.
La pareja no tiene luz ni agua. Se las arreglan con una manguera y un cable que recorre casi 20 metros, desde la casa de una vecina, hasta llegar al enchufe de su mediagua. La cuentas las pagan a medias. Acá no hay baño: deben pedirlo prestado a unos familiares que viven en el área.
Mientras Lizette se queja de las dificultades para vivir, Luciano, que acaba de llegar para almorzar, se saca la mochila y deja la hoz en el suelo. Su trabajo es esporádico y hay meses en los que no hace nada. Generalmente es en invierno cuando peor lo pasa. Dice que varias veces ha llorado cuando no ha tenido dinero para comprarle leche y pañales a su hijo. Y la cosa se complica: Lizzete está embarazada.
Luciano se queja que las zonas urbanas son las únicas que tienen trabajo. “En Santiago igual es más fácil progresar, pero el campo siempre es el que se queda atrás. Acá somos nosotros los que vivimos bajo el agua cuando en invierno se salen los canales y no hay plata para vivir”.

EL PENSIONADO DC
Hace un año y medio al papá de Marta, el jubilado Clorindo Maldonado Mateluna (85), le dio una trombosis que lo dejó postrado. Desde ese momento su hija, de 57 años, no tiene otro trabajo más que cuidarlo a él. En la pequeña casa de la comuna de María Pinto apenas viven con la pensión de $68 mil mensuales que recibe el anciano, dinero que reparten también con la hermana de Marta y su sobrina escolar.
La casa es pequeña y de piso y color ladrillo requebrajado. En una pared hay un cuadro de “La última cena”. En otra, cerca del televisor Panasonic de 21 pulgadas que aun no terminan de pagar, un calendario con el rostro de Michelle Bachelet.
Los $68 mil mensuales se hacen cada vez más precarios desde que Maldonado, un jubilado DC, está enfermo: sus pañales cuestan $ 3 mil el paquete y el remedio que necesita, $ 26 mil. El anciano, además de postrado, está ciego a causa de un glaucoma.
Marta dice que varias veces el dinero no les ha alcanzado para comer. Pero la salud es otro problema: deben esperar a que una vez al mes vaya a verlo uno de los dos médicos del consultorio de María Pinto y en la única ambulancia disponible para los más de 8.600 inscritos en su servicio.
Marta también tiene un glaucoma, pero no puede cambiar sus anteojos por falta de dinero. Tiene dos hijos: una que estudia con crédito enfermería en Santiago y otro que egresó de administración de empresas y que está cesante.
Marta sabe cocinar y hacer pasteles. Y ahora quiere hacer un curso de chocolatería, pero tiene el mismo problema de siempre: la plata no le alcanza.

LA JEFA DE HOGAR
María Rojas tiene 11 hijos y está separada hace más de una década. Vive, junto a los cuatro que le quedan solteros, en una pequeña casa en el cerro Santa Luisa. Fue una de las primeras en instalarse ahí, poco después de que se casara a los 15 años y mucho antes de desligarse de un marido “mujeriego y bueno para el trago”. Está orgullosa de haber sido “padre y madre”, aunque sus ojos se llenan de lágrimas cuando lo dice.
María tiene una de las mejores vistas del lugar, pero también una de las peores ubicaciones: en el invierno el agua que corre cerro abajo humedece las paredes de su casa y hace imposible salir de ella sin hundirse en el barro.
Si el verano es la mejor temporada para el campo, para María y sus hijos ésta ha sido una de las peores épocas del año. Acaban de llegar de los fundos del sector, donde pretendían laborar como temporeros, pero el viaje sólo significó gasto de plata y pérdida tiempo. Una muy mala noticia, tomando en cuenta que lo que más les falta es dinero: a veces se dan vueltas con $ 3 mil pesos diarios.
María no sabe leer ni escribir. Por eso soñaba que sus hijos fueran universitarios, pero sólo uno de los once egresó de cuarto medio. Pero ahora debe concentrarse en cosas más concretas que sus sueños, en algo que la tiene enferma de los nervios: pagar una deuda de $190 mil en alcantarillado, de los que sólo ha abonado $15 mil.

Publicado originalmente en The Clinic Edición Especial Lagos (marzo de 2006)