domingo, 25 de noviembre de 2007

LA CUBA DE LOS CUBANOS

Varadero puede ser el paraíso del relax, pero no es Cuba. Afuera de él hay un mundo de ciudades coloniales, patrimonios de la humanidad y lugares de culto revolucionario. Y sólo un día basta para cruzar la isla, recorrerlos e impregnarse, aunque sea por unos momentos, con la vida de quienes viven en ellos.


En la provincia de Matanzas, Varadero parece ser un mundo aparte de Cuba y no carecer de nada. Piscinas, playas, discotheques, tiendas y actividades día y noche; todo lo que el turista busca para entretenerse y relajarse lo halla aquí y sin salir de su hotel. Además, lo complementa con distintas ofertas que las empresas turísticas ofrecen desde el comienzo del hospedaje: nado con delfines, parapente, paseos en lancha o helicóptero y recorridos por los alrededores. Pero hay un tour que es el menos solicitado, se inicia de madrugada y cruza la isla desde el Atlántico al Caribe en un solo día haciendo escala en tres ciudades: Cienfuegos, Trinidad y Santa Clara.
El tour por las Tres Ciudades es un escape hacia la realidad de la isla. Las antiguas carreteras, al lado de carteles de propaganda política, pequeñas fincas y las enormes montañas del Escambray, además de enormes valles y plantaciones de caña, mango y coco, llevan a urbes donde el tiempo parece haberse olvidado de correr. Calles empedradas, colores pasteles, movimiento urbano, carretas yendo de un lado a otro y olor a habano; a medida que se avanza se puede entender la frase que se escucha al contratar el paseo: “Ah, usted viene a conocer Cuba”.


El patrimonio de Cienfuegos
De no ser por su Plaza Mayor, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, Cienfuegos no resaltaría entre las otras ciudades de Cuba. Sus construcciones son sobrias y más bien parejas: edificios de estilo colonial y neoclásico, con puertas grandes, ventanas arqueadas y techos planos con barandas. Algunos tienen balcones y, a diferencia de La Habana, aún se ve algo de color en ellos.
En las calles pequeñas y limpias, el aire cálido y húmedo se hace aún más pesado por el humo de los habanos। En ellas, el movimiento es como en cualquier otro lugar de Cuba, pero en un punto se condensa: en la Plaza Mayor está todo y a todo color. Casa de Gobierno, un antiguo teatro, la catedral de la Purísima Concepción, el infaltable monumento a José Martí, un orfeón dominguero, bancos para sentarse y palomas para los viejos que disfrutan al darles de comer. Los niños salen por entre los pilares de la enorme escuela con sus camisas blancas y pantalones o faldas color mostaza y se pierden entre cubanos sentados o trasladándose por la ciudad en motos con acoplado para acompañante, bicicletas, vehículos antiguos dejados por los norteamericanos cuando la isla era su "patio de juegos" o carretas tiradas por caballos. Y todo con una envidiable rutina de tranquilidad característica del ritmo de vida caribeño.


La quieta ciudad de Trinidad
Avanzar por Trinidad es como retroceder en el tiempo. Incluso más que en cualquier otra parte de la isla. Sus casas, en un principio, parecen ser de cualquier lugar de Cuba: chicas, coloridas y una al lado de la otra, sin dejar un solo espacio sin ocupar. Pero al llegar al centro, donde las pequeñas viviendas conviven con antiguos palacetes, iglesias y calles empedradas desde donde se ve el Caribe, parece ser una de esas villas que eran constantemente asoladas por piratas. O por lo menos, como las que se muestran en las películas. Sin embargo, hoy todo es muy tranquilo en una de las ciudades coloniales más hermosas de Cuba: mientras los turistas transitan por sus rincones, casi todas las puertas y ventanas están abiertas. De algunas se asoman mujeres, otras dejan ver el interior y dentro de unas pocas se pueden ver los "Círculos infantiles"; salones con hileras de pequeños catres de lona que funcionan como guardería para los hijos de los trabajadores de Trinidad. Acostados, los ñiños se asoman y sonríen a las cámaras. En general, las construcciones son amplias, pero en éstas viven dos o tres familias a la vez. En algunas se puede ver gente sentada observando la calle y a los transeúntes, además de sus sillas, sus mesas, sus cocinas; todo es muy austero, muy sobrio, aunque los colores pasteles predominan en una acertada combinación con paredes mohosas y ancianos con caras oscuras que esperan y posan sentados en algunos de los tantos escalones con un habano entre sus dedos.

El santuario del Che
Santa Clara es una ciudad conocida. En 1688 se fundó como una pequeña villa y se mantuvo así hasta que los trenes y la carretera central la cruzaron pasada la mitad del siglo XX. Cada vez se detenía más gente y con el triunfo de la Revolución, Santa Clara creció en industrialización y desarrollo. Tiene 4 hospitales, 3 universidades, alrededor de 200.000 habitantes y ha sido escena de batallas, nombrada en canciones y últimamente visitada en masa por sólo un motivo: aquí está el Memorial de Ernesto Che Guevara. Frente a la Plaza de la Revolución, la estatua de 16 metros del Che es imponente. Aparece como caminando con paso firme, mirada fuerte y penetrante, y vistiendo su uniforme verde olivo, su boina y un fusil en la mano derecha. Bajo la efigie hay dos salones enormes en los que no se puede tomar fotos ni entrar con carteras o bolsos. El primero es un museo donde hay fotos, documentos, escritos y objetos relacionados al guerrillero y sus conocidos; el segundo es el memorial donde están sus restos y la “llama eterna”, una flama que simboliza el espíritu revolucionario del Che: nunca se apaga.




Guía de viaje:
-Para contratar el tour hay que acercarse a los stands de empresas turísticas que están en la mayoría de los hoteles en Varadero. Hay varias que lo ofrecen. Cuesta 89 CUC (Pesos convertibles) por persona e incluye, además de los traslados hasta la puerta del lugar de alojamiento, almuerzo y la entrada al Memorial del Che en Santa Clara.
-En el camino también hay vistas que pueden ser tan atractivas como las mismas ciudades। A minutos de abandonar Cienfuegos, aparecen las montañas del Escambray, las segundas más altas de la isla (después de la Sierra Maestra), y a la salida de Trinidad está el Valle de Los Ingenios, otro de los tantos patrimonios culturales de la humanidad que ostenta Cuba.





Publicado originalmente en Viajes La Tercera (noviembre 2007)