lunes, 20 de junio de 2005

ACOSTA NO SABE QUÉ HACER

El “pelado Acosta” se hizo cargo de una tarea que nadie quería asumir y no le ha ido bien. Se las dio de valiente y ahora se encuentra abatido. Parece que pensar y llorar son las dos únicas cosas que le quedan por hacer.


La mirada de Nelson Acosta se esconde atrás de su mano izquierda, la misma en cuya muñeca tiene un reloj de pulsera. La expresión triste que tienen sus ojos, y que casi nunca tiene miedo a mostrar, prefiere resguardarse en un momento de reflexión desesperada. Parece que ahora hay algo más, algo que le preocupa. La campaña valientemente -si es que no ingenuamente- emprendida no quiere rendir frutos y el futuro de su trabajo se ve incierto. De su rostro lo único que se puede ver es una pequeña porción de ceja apretada por los dedos de su mano y una silueta en sombras de su boca y mentón.
Su brazo derecho se extiende hasta tocar, a modo de apoyo, el pasto de la cancha de entrenamiento del equipo que tiene a cargo, la Selección Chilena de Fútbol. Pero sólo se apoya con un dedo, el índice. Los otros los utiliza para agarrar con fuerza un cronómetro –que a ningún entrenador le puede hacer falta-. Este brazo cruza por entremedio las piernas flectadas, en cuclillas, que sostienen su espalda arqueada y que tiene puesta una chaqueta muy parecida a su gorro: roja y azul con líneas blancas. El codo izquierdo está apoyado sobre el muslo del mismo lado. Se ve en posición de llanto, pero no llora. Su mirada es triste por sí sola y siempre ha sido así. Está, más bien, desesperado. Busca una solución, una salida. Ya lo hizo una vez. Se hizo cargo de la selección chilena el ’96, justo después de que un vasco de bigotes extremadamente gruesos, Xavier Azkargorta, la había dejado sin chances de nada, y logró llevarla al mundial de Francia ’98, a la Copa América ’99 y a obtener una medalla de bronce en las Olimpíadas de Sydney, en el 2000. Además, ha tenido éxito en varias otras campañas. Logró con O’Higgins buenos resultados, sacó a Unión Española campeón por dos años consecutivos y posicionó a Cobreloa entre los mejores ocho equipos de América. ¿Por qué ahora no podría hacerlo?
Su cabeza calva y brillante, que está cubierta con un jockey rojo, azul y blanco que dice Chile bajo una estrella, apunta hacia abajo. De ahí, sólo se asoma la cabellera blanca que tiene única y exclusivamente en las partes laterales y posterior de la cabeza. Algo muy normal en un hombre uruguayo de 61 años. Tiene bastantes cosas por las que preocuparse. Tomó en sus manos, de nuevo, la responsabilidad de llevar a la selección de fútbol del país en que se nacionalizó hasta un mundial. Ya lo había intentado dos veces: primero, lo logró; la segunda, fracasó, y salió apabullado y odiado por un público característica y tradicionalmente exitista. Parece que esta vez la situación lo incomoda: se está acercando a repetir la historia de derrota y mala racha que han caracterizado sus últimas empresas.
No está llorando, pero parece estarlo. Quizás, aparte de eso, a Nelson Acosta no le queda nada más que hacer.