sábado, 5 de abril de 2008

CHILE, UN PAÍS ABORTERO

En 1964, las mujeres chilenas fueron las principales protagonistas de una verdadera revolución. Ese año, el Servicio Nacional de Salud implementó un programa de planificación familiar llamado Control de Regulación de Fecundidad que masificó el uso y la entrega de métodos anticonceptivos en la población. La medida provocó una dura arremetida de los sectores más conservadores del país. No obstante, poco a poco se vieron los primeros resultados: un descenso de la natalidad y la desaparición progresiva de las muertes a causa de abortos clandestinos.
De allí que cuando se especuló esta semana que el Tribunal Constitucional (TC) había acogido la petición de 36 parlamentarios de la Alianza Por Chile, de eliminar la distribución gratuita de la píldora del día después, además de los dispositivos intrauterinos y los contraceptivos que contienen levonorgestrel, la decisión fue calificada como un “retroceso de 40 años” en materia de salud pública.
-Según las proyecciones realizadas entre 2008 y 2015, a partir del rechazo de las normas ministeriales, se estima que a los 244.488 nacimientos que se registran anualmente en el país, se les sumarían 132.171. Esto elevaría los abortos a 284.804 por año y los embarazos a 661.430. Un aumento así en la natalidad tendría un costo de 2,2 fetos muertos por cada nacido vivo –aseguraba el doctor Ramiro Molina, fundador del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo del Adolescente (CEMERA) y co-autor de un estudio entregado a consideración del TC en noviembre pasado.
Finalmente este viernes el TC precisó que la decisión sólo prohíbe la entrega de la píldora del día después en los servicios de salud públicos. Eso disminuye el impacto previsto en el número de abortos, pero de todas maneras se espera un aumento de interrupciones de embarazos. Los casos estarán focalizados en los sectores de más bajos recursos, pues quienes puedan pagar un doctor y comprar la píldora en una farmacia, podrán también evitar los embarazos.
A pesar de que en Chile el aborto es condenado judicialmente en todos sus preceptos -el aborto terapéutico se incluyó en el Código Penal en 1989, a fines de la dictadura-, en los estudios internacionales sobre el flagelo el país aparece citado varias veces: es uno de los tres que lo penaliza por completo y sus tasas duplican las de naciones donde el aborto es legal, como EE.UU. y Canadá. Además, según un informe realizado en 2004 por el doctor Aníbal Faúndez, coordinador del Comité de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras, Chile posee la mayor cantidad de embarazos interrumpidos de Latinoamérica. Las cifras, basadas en los registros de arrestos, muertes y egresos hospitalarios por dicha causa, hablan de 40.000 abortos clandestinos anuales y una tasa de 50 por cada mil mujeres en edad fértil.
-Acá está la menor tasa de mortalidad materna por aborto, pero sin duda, la tasa más alta de abortos de la región –asegura Faúndez.
Entre 2001 y 2005, los egresos hospitalarios por aborto en Chile alcanzaron un promedio anual de 33.992. Aunque no se especifica entre abortos espontáneos e inducidos, el doctor Ramiro Molina dice que “se estima que el 10% de ellos corresponde a abortos naturales, el resto son todos provocados”. Y esos sólo son lo que llegan a registrarse porque algo falla y deben acudir a los hospitales.
De esa cifra, pocos son los que llegan a ser penalizados. Actualmente, nueve personas se encuentran privadas de libertad en Chile por cometer prácticas abortivas. De ellas, cuatro son imputados y cinco condenados.
En 2005, según las estadísticas anuales de Justicia, 11 mujeres fueron procesadas por aborto. En los dos años siguientes, Investigaciones detuvo a 35 mujeres por ese delito y, durante 2007, 160 casos ingresaron en el Ministerio Público. De ellos, 94 aparecen tipificados como aborto consentido y 66 como aborto sin consentimiento. La Región Metropolitana fue por lejos la que más casos presentó, con el 38,75% del total. A ella le siguen las regiones Octava y Sexta, con el 11,87% y el 11,25%, respectivamente. De las fiscalías, la que más casos reportó fue la Fiscalía Metropolitana Centro Norte: ahí ingresó el 18,75% de los abortos detectados en el país.


Así se aborta en Chile
Durante mucho tiempo, el aborto fue la primera causa de muerte materna en Chile, debido a las complicaciones que derivan en abortos sépticos. Hoy, es la tercera: en el lapso 2000-2004, de las 208 muertes maternas ocurridas, el 12% fue por aborto. Según el doctor Patricio Gayán, jefe del servicio de ginecología y obstetricia del Hospital Santiago Oriente (ex Salvador), “los abortos sépticos, que son los más notorios en caso de inducción, ya son historia”.
-En la actualidad, casi no hay riesgo en abortos. Generalmente llega una mujer sangrando, con la historia de haber quedado embarazada. Se hace una ecografía para ver si tiene restos de aborto. No tiene fiebre, no tiene infección; se pasa a pabellón, se le hace un raspado, se le deja el útero limpio y al día siguiente se va para su casa –agrega Gayán.
Una causa del descenso en la peligrosidad de los embarazos interrumpidos es la masificación del uso del Misoprostol (Misotrol o Misogran), una prostaglandina que se vende en farmacias como antiulcerante con receta retenida bajo la forma de comprimidos blancos hexagonales. Pero en Internet y sin receta se pueden adquirir como si fueran dulces por una suma que va entre los 30 y los 35 mil pesos.
En el uso abortivo, 4 pastillas de Misotrol introducidas en la vagina le dan elasticidad al cuello del útero, favorecen sus contracciones y producen una hemorragia que, en caso de embarazo, genera la expulsión del embrión implantado. Su efectividad es del 78%, pero si a eso se le suma mifepristona, una hormona natural que es fundamental para mantener un embarazo, la efectividad es del 98%. El resultado se asemeja al aborto espontáneo lo suficiente como para no haber forma de diferenciarlo.
Pero las mismas estadísticas sanitarias muestran la otra cara del uso indiscriminado del Misoprostol ya que éste puede provocar un aborto incompleto lo que puede llevar a una hemorragia riesgosa, hospitalización, cirugía, infertilidad y hasta la muerte de la madre (
Ver entrevista).
Aún así, las prácticas abortivas siguen siendo variadas y peligrosas. Las más expuestas son las mujeres de sectores de menos recursos, por el riesgo sanitario que conlleva un aborto clandestino y por la recurrencia a maniobras caseras de alto riesgo.
-Las posibles complicaciones en esos casos son: infección, ruptura uterina y hemorragia. Y las tres pueden ser letales –explica el doctor Mario Paulo, jefe del servicio de ginecología y obstetricia del Hospital San Juan de Dios.
En los últimos años, los casos de aborto que han llegado a la Justicia muestran prácticas que van desde la introducción vaginal de antenas de televisor y médicos que en moteles insertan sondas para romper el saco amniótico, hasta el consumo de medicinas de uso veterinario (Oxitocina).

Los viejos y nuevos abortos
Tallos de perejil, palillos de tejer o cualquier cosa con punta; la introducción de cuerpos extraños por la vagina ha sido uno de los métodos más antiguos utilizados para interrumpir embarazos no deseados. En agosto de 2007, una mujer de 26 años fue detenida en Calama por haberse realizado un aborto introduciéndose una antena de televisor en el útero. Los restos del feto, de 12 semanas de gestación, los incineró y repartió en dos pequeñas urnas: una para ella, otra para su pareja.
Pero no todos los abortos se realizan de forma tan primitiva. Muchas mujeres acuden a profesionales o “especialistas” y a pesar de que esta práctica puede llegar a ser 10 veces más cara que el uso de pastillas, es una de las más usadas en los sectores socioeconómicos más bajos. Ginecólogos, matronas o simples parteras cobran en promedio $500.000 por servicios que pueden ser a domicilio, en sus propias casas, en un box de algún consultorio o incluso en moteles. Y técnicas hay varias.
En mayo de 2005, Graciela se sometió a un aborto a manos de un ginecólogo de Santa Cruz. Después de empeñar algunas cosas para conseguir los $500 mil que el médico le pedía, se juntó con él en una plaza. El proceso duraría tres días. Primero fueron al hospital, donde fue examinada. Al día siguiente se juntarían en un consultorio, pero a último momento el lugar de reunión cambió: se fueron a un motel. Ahí, el médico la revisó y le colocó un espéculo en su vagina dejándola durante 24 horas en ese estado. Al día siguiente, el facultativo volvió a realizar otras maniobras. Algo salió mal. Tres días más tarde Graciela fue depositada frente al hospital de Santa Cruz por el mismo médico y en medio de una fuerte hemorragia. Estaba grave.


Publicado originalmente en CIPER (04/04/08)

MUJER PRESA POR ABORTO: “Del hospital me trajeron a la cárcel”

La prohibición de entregar la píldora del día después en los servicios públicos aumentará los abortos, a los que ya se exponen unas 40 mil mujeres al año. Como en Chile abortar está penado por la ley, todas ellas ponen en riesgo su salud y su libertad. Actualmente hay tres presas en la cárcel de Santiago por ese delito. Evelyn, de 43 años, relata en esta entrevista su vida llena de dramas y abortos obligados por su suegra. Pero fue el Misotrol -un fármaco que puesto en el útero induce a la interrupción del embarazo- el que la mandó al hospital y de ahí directo a prisión. Deprimida y sola, no se atreve a confesar su delito a sus compañeras de celda.





Evelyn es una de las tres mujeres actualmente encarceladas en el Complejo Penitenciario Femenino de Santiago por haberse practicado un aborto. Ella no sabe que a la misma hora que cuenta su historia –jueves 3 de abril-, en la calle hay mujeres indignadas porque un tribunal de ocho hombres y una mujer acaba de prohibir la distribución gratuita de la píldora del día después. La decisión del Tribunal Constitucional está íntimamente ligada a los hitos que han marcado su vida.
Actualmente,
en Chile se interrumpen cerca de 40.000 embarazos no deseados al año. Según los expertos, con la acogida al requerimiento presentado por 36 diputados de la Alianza, esta cifra –la más alta de Latinoamérica– podría elevarse. Y mientras eso ocurre, Evelyn cuenta las horas desde que hace un mes y tres días paga el precio de un aborto con cárcel.
La mujer, que lleva en la cara la marca de una tristeza de muchos años, no quiere que se conozca su identidad. A ratos le cuesta, pero a los 43 años recuerda y relata las mil y una escenas que la llevaron hasta la prisión. Una realidad que la lleva a repetir una y otra vez en esta entrevista “yo no considero que eso fuera un aborto…”.


-Usted está presa por un aborto. ¿Cómo llegó a ser detenida?
Ese día empezó como una casualidad. Yo dije que me había caído y que me había pegado sola. Así caí en el hospital… Todo viene de muy atrás. Mis tres hijos hombres son adictos a la pasta. El mayor tiene 28 años y está preso en la Penitenciaría. También mi marido es adicto. Pero a él no lo vi nunca más. Todo empezó con una violencia intrafamiliar severa… Mi cuarta hija nació producto de una violación. Fue mi propio marido. Pero no se pudo comprobar.
-¿No pudo demostrarlo porque su marido fue el autor?
Sí, y a pesar de que debieron hacerme puntos y me derivaron a un consultorio. Ahí me dicen que tengo que ir a ver una asistente social. Yo no había pedido hora, pero me dijeron “vaya no más”. Y ahí, la asistente social me dijo: “Sabes qué, Evelyn, voy a tener que denunciar lo que te pasó. Esto es maltrato intrafamiliar”. Yo llevaba 19 años casada. Me casé a los 13 años con 8 meses. Y lo hice porque mi mamá me echó cuando supo que estaba embarazada. Ella nunca me aceptó. Siempre tuvo vergüenza de mí. Es que yo era muy bonita, era su chiche. Después lo fui de mi marido. Él me lucía.
-¿Cómo conoció a su esposo?
En Cerro Navia. Él vivía en un departamento cerca del mío. Fue mi único pololo. Yo tenía 13 años y él 18. Ya era mala persona…
-¿En esa época usted estudiaba?
Sí. Pero me tuve que salir. No recuerdo muy bien los detalles porque fue hace como 30 años. Creo que me retiré cuando había pasado a primero medio. Y fíjese que era muy buena alumna.
-¿Y cuando su madre supo que estaba embarazada la echó de la casa?
Sí. Yo estaba con mi pololo en el cuarto piso del edificio y mi mamá nos llamó y dijo que quería conversar con nosotros. Ahí le dijo a mi pololo que yo estaba embarazada y le preguntó qué iba a hacer. Mi marido estaba postulando para ser carabinero. “Casarme poh, si no, ¿qué va a pasar?”, le respondió. Y ahí mi mamá me echó.
-¿Y se fue a vivir con él?
No. Me fui a la calle, porque nadie me recibía. Mi suegra me odió siempre. En la calle estuve como un día o un poco más, y después me fui a la casa de la hermana de mi pololo. Ella siempre se portó muy bien conmigo. Adoraba a la guagüita que nació. Pero desde el principio tuvimos cosas violentas… Él siempre fue violento.
-¿Su esposo ya consumía drogas o alcohol en ese entonces?
No sé, la verdad. Yo ni fumaba. Lo que pasa es que mi mamá era de un nivel social medio alto. Yo soy hija única y mi hermana, que es hija de otro matrimonio de mi mamá, nunca reconoció que yo era su hermana. Ella me pegaba. Nunca me dijo hermana. Después que nos casamos nos pusimos en la buena. Ahora no sé qué habrá sido de ella. No tengo muy buenos recuerdos de todo ese tiempo.
-¿Y conoció a su papá?
Sí. Ellos se separaron cuando yo era chica. Mi papá le enterraba lápices en los brazos y en otras partes del cuerpo a mi mamá. Ella sangraba mucho…
-¿Y usted presenciaba esa escena?
Por supuesto. Nosotros le quitábamos los lápices a mi papá.

“Mi suegra siempre me hacía abortos”
-Volvamos a su marido. Finalmente él no ingresó a Carabineros.
No. No tengo idea cuándo empezó a consumir drogas, pero siempre consumió mucho alcohol. Fue una desilusión terrible. Él se casó conmigo porque prácticamente los parientes lo obligaron. Si de hecho, él me dijo: “Más te vale que el niño se parezca a mí”. Él decía que si no era así, lo iban a echar. Mi suegra me odiaba. La cosa es que el hijo era igual a él y vivíamos con la cuñada. Y había violencia. Hasta que su mamá le compró una casa. Y nos fuimos a vivir ahí.
-¿Cómo fue ese período a partir del momento en que tienen su casa?
Gritos. Él llegaba curado, se saltaba la reja, se quedaba enterrado o llegaba lleno de sangre porque había peleado. Yo estaba acostumbrada, como resignada. Y era una desilusión tras otra. No tanto como mujer, sino que como persona: te van anulando. Las situaciones te mueven, te manipulan, te sometes y debes adoptar otras actitudes, otra personalidad.
-¿Trabajaba?
Yo siempre quise estudiar. Después perdí unos gemelos. Mi suegra siempre me hacía abortos…
-¿Su suegra le practicaba los abortos?
Sí, o sea me mandaba una señora que llegaba y me metía una sonda, me la amarraba a la pierna y la dejaba ahí por 24 horas. La misma señora se preocupaba de que no me diera fiebre y de controlar que todo estuviera bien. Esa señora le hacía abortos a todas las mujeres de la población. Incluso había algunas mujeres que llegaban desde lejos.
-¿Cuántas veces pasó por esa experiencia?
No recuerdo bien. Una vez caí al hospital porque eran gemelos y una guagua se quedó adentro. Casi me morí. Me dijeron que estaba con septicemia. Yo tenía como 15 ó 16 años…
-¿No recuerda cuántos abortos se tuvo que hacer?
Mmm… tres.
-¿Y el último también fue por instrucción de su suegra?
No. Para ese entonces ya estaba separada. Aunque no lo considero un aborto.
-¿Qué pasaba con su marido cuando quedaba embarazada?
Me golpeaba mucho. Y antes que él me golpeara, mi suegra se ponía a gritar. Ningún método me resultaba. Si hasta la “T” se me soltaba. Pero a los 16 años no tenía idea de nada.
-¿Cómo recuerda esos momentos cuando se enfrentaba al hecho de hacerse un aborto?
Yo tenía como 16 años cuando me hice el primero. Después tuve al segundo hijo y mi marido tampoco lo quería mucho porque decía que si no era mujer, no lo iba a querer. Y mi hijo salió enfermizo. Después tuve al tercero. Lloré durante todo el embarazo porque él no lo quería. Me golpeaba. Una vez me rompió del ombligo para arriba con una silla que me tiró. Tenía como ocho meses y medio de embarazo y producto del golpe mi tercer hijo nació. Tampoco lo pude comprobar. Me acuerdo que salí corriendo de la casa porque me sangraba el ombligo.
-¿Nunca pensó en abandonarlo?
Sí, porque después que tuve mi primer hijo quise inscribirme en cualquier colegio, pero no me aceptaban en ninguno porque estaba casada y tenía hijos. Me discriminaban en todas partes. Yo quería estudiar y me cerraban una puerta tras otra. Trabajé en La Vega, en los desayunos, lavando platos, pelando papas… Ganaba dos mil pesos diarios. Y me alcanzaba para comprar mis cuadernos. Ahí entré a estudiar a un vespertino particular, pero fue porque un profesor se interesó en mí. Le gustaba. Aunque nunca me involucré con él. Iba como oyente, porque no me recibían en ningún colegio y esperé hasta tener un cupo. Así saqué mi cuarto medio. Para ese entonces ya tenía mis tres hijos. Yo me embaracé de mi cuarta hija en la cuarentena del tercero. Y mi suegra me quería hacer abortar y yo me quedé callada nomás. No le dije nada.
-¿Por qué su suegra insistía en que se hiciera abortos?
No lo entiendo. Y no le voy a preguntar ahora que ya está vieja.


El embarazo de la regenta
-¿Con quién vive su hija?
No lo sé, porque me la quitaron. Eso pasó cuando ella tenía como 8 ó 9 años. Fue la familia de mi marido, porque mis otros hijos se drogaban y yo trabajaba de noche y no podía cuidarla. Después la recuperé. Ella me estaba aceptando y recuperando la confianza en mí y ahora la volví a perder. Cuando la vuelva a ver ya no me va a querer… Nunca me he portado mal.
-¿Cuántos hijos tiene?
Cuatro. El mayor tiene 28 años, el segundo 24, el tercero 23 y la más chica, 13. Es muy difícil para mí. A mi último hijo, el que perdí, porque eso no fue un aborto, yo lo quería mucho…
-Ese aborto se lo hizo en 2002, ¿y cayó presa de inmediato?
Sí, estuve un día presa. Aunque ya había estado antes. Es que yo trabajaba en un prostíbulo donde era regenta. Yo recibía a los clientes y también el dinero. Ahí estuve trabajando como ocho años de noche. Entré como camarera, pero era mentira. Aunque ganaba buena plata la verdad es que tuve que ejercer la prostitución. Y un día llegaron los carabineros y fui yo quien abrió la puerta…
-¿Estaba casada todavía?
Sí, pero él no lo sabía.
-¿Por qué llegó a ejercer la prostitución?
Por necesidad. Mis hijos pasaban hambre y cuando empecé a trabajar, todos suponían que trabajaba en una oficina. Si yo salí de cuarto medio y quería postular a alguna universidad y estudiar para ser contador auditor. Siempre fui muy inteligente para estudiar. Pero tenía cero posibilidad… Después, mi marido me seguía pegando pero ya me daba lo mismo.
-¿Su marido no aportaba plata para la casa?
Él era chofer de locomoción colectiva, pero se empezó a meter en el trago y la droga y al final nos dejó sin nada.
-¿Y qué pasó con sus hijos?
Ellos eran inteligentes. Los tres más grandes llegaron a segundo medio. Y siempre tuvieron intenciones de estudiar. Estudiaban de noche en varias partes, pero la droga no les permitió terminar. Se metieron en pasta base. Cuando pasó todo eso yo estaba trabajando en el prostíbulo, aunque ya era regenta. Sólo los dos o tres primeros años ejercí la prostitución. Ganaba harta plata: le compraba dulces y ropa a mis hijos y podía llevar todos los días para comer.
-¿Cómo llegó a ese prostíbulo?
Fue en los ’80, en plena dictadura. Yo trabajaba en una Polla Gol y una vez, en Huérfanos con Mac Iver, vi una hilera de mujeres con carabineros a cada lado. Me llamó mucho la atención. Me quedé mirando. Fue ahí que una de las niñas me dijo que por favor llamara a su mamá para avisarle que se había ido detenida por “rotura de sello”. Y la llamé. Tiempo después me la encontré comprando frutas. Me agradeció mucho que le hubiera avisado a su mamá para que fueran a buscarla. Me dijo también que era muy bonita y que me podía arreglar. Que hablara con su jefa porque me podía enseñar a ganar más plata. Yo no era tonta, sabía a lo que iba. Pero no sabía que sería tan difícil… al principio. Yo era delgada, pechugona y tenía el pelo súper largo, así que le gusté. Después, la primera vez que me tocó trabajar, me fui porque me dio vergüenza. Volví dos meses después.
-¿Y también comenzó a drogarse y a tomar alcohol?
Ahí aprendí a fumar, a jalar y a beber. Además vi como se inyectaban cosas, aunque a mi nunca me dio pana. Ni siquiera para cortarme las venas. Aunque sí me tiré al Metro. También me tiré de un taxi. Siempre he querido morir…
-¿Fue en ese ambiente cuando tuvo su último embarazo?, ¿ya estaba separada?
Claro. Cuando me separé y trabajaba de regenta, conocí a un hombre que era muy sencillo y bueno para tomar. Con él bebía. Quedé embarazada de él y cuando se lo dije, ya era muy tarde. Siempre he tenido la maldita manía de guardarme las cosas, de no decir nada. Y se lo dije cuando tenía como cuatro meses. Me dijo que estaba loca y me echó.
-¿A dónde se fue?
Me fui a vivir de nuevo con mis hijos, donde se drogaban. Habían vendido todo lo del departamento, lo habían dejado vacío. Los vidrios estaba quebrados, no había taza del baño, habían sacado hasta los enchufes para venderlos y comprar droga. Y ese día… No sé, no lo recuerdo muy bien… Porque después que nació mi hija producto de la violación… Fue tan sicótico, tan traumático. Por eso, en ese momento yo quise tener otro hijo, porque ya me habían quitado a mi hija y a los otros tres los había perdido por la droga. No tenía a nadie. No tenía nada.
-¿Y qué pasó con ese embarazo?
No me acuerdo porque sufría de lagunas. Tomaba pastillas y más pastillas. Lo único que quería hacer era dormir, y si no, me emborrachaba. Mezclaba las drogas y el alcohol con las pastillas. A veces despertaba en la calle sin zapatos. Pensaba que siempre iba a ser una alcohólica. Cuando recobraba la memoria no tenía idea dónde estaba.
-¿Eso fue durante la época del último embarazo?
Desde antes. Se había hecho como una costumbre. Después, ya estaba tan mal que no sabía qué hacer. Estaba muy deteriorada. Y yo quería mucho a ese hijo que esperaba. Tenía seis meses de embarazo…
-¿Por qué dice que no fue un aborto lo que se hizo?
Porque no recuerdo lo que hice. Y si me acordara, me sentiría muy culpable. No debería haberlo hecho.


“Yo quería tener ese hijo”
-¿No sabe lo que hizo para abortar?
Tomaba pastillas, porque yo sufro de úlceras: omeprazol, famotidina, ranitidina, ácido mefenámico, dipirona, pastillas para dormir, diazepam y otras cosas. Si hasta leche de magnesio tenía en la cartera. Mi cartera era mi vida. Yo tenía todo ahí. No recuerdo muy bien lo que pasó… Un día fui donde el padre de ese hijo que esperaba a buscar mis cosas, y como él no estaba, me fui a la casa de mis hijos. El día anterior ya les había dicho que iba a quedarme ahí y les pedí que no carretearan en la casa porque yo llegaba en la mañana y estaba cansada. Igual estaba súper deteriorada, además embarazada y con hartas complicaciones porque también tengo várices. Tampoco comía bien. Cuando llegué, el mayor de mis hijos me insultó. Nos pusimos a pelear. Me pegó, me tiró escaleras abajo. Después salió con un bate de béisbol a pegarme. Si no hubiera alcanzado a cerrar la puerta… Hasta llegaron los carabineros. Él lloró y dijo que no había hecho nada. Yo ahí le dije: “Esta es la última vez que me ves como tu mamá. Ahora voy a ser tu peor enemiga. No sabes el daño que me causaste”. De ahí no me acuerdo. Caminé y caminé. No recuerdo bien cuánto…
-¿Fue en ese momento que decidió abortar?
No pues. Yo quería tener ese hijo. Si ya había criado cuatro porqué no podía criar uno más. Era producto de muchas cosas que para mí eran recuerdos bonitos. Pero hay cosas que no me acuerdo. Una amiga llegó hasta donde yo estaba porque había perdido los zapatos. Me había caído y había entrado varias veces a un restaurante porque me había hecho pipí.
-¿Se cayó producto del alcohol o de las pastillas que tomaba?
No, no había alcohol en mi cuerpo. Eran las pastillas, además de lo mal que estaba. Como no había comido nada, de repente me quedaba dormida en el suelo. Después de tanto caminar perdida, llamé a mi amiga y le conté todo lo que me había pasado. Que estaba embarazada, que mi pareja me había echado, que mi hijo me había pegado, que estaba muy mal, que no tenía a dónde ir… Ella me fue a buscar. Eran como las dos de la mañana. Ahí ella me dijo que yo no podía tener la guagua. Me dijo que quién me iba a cuidar, dónde lo iba tener, dónde lo iba a criar… Tenía toda la razón. Ella tenía Misotrol así que me lo vendió. Era carísimo. Y me puse esas pastillas en el útero.
-¿Cuántas píldoras se puso?
No sé… No me acuerdo. Pero me dolía mucho. También me dolía todo el cuerpo…, la espalda, las piernas… La guagua se movía mucho. Pero después de que me metí las pastillas, sentí mucho más dolor. Me dolía mucho la cola, no sólo por las pastillas, también porque mi hijo me había tirado por la escalera y me había arrojado una silla encima… Al día siguiente, desperté amarilla. Me sentía muy mal. No sé bien qué pasó durante ese día. Sé que me llevaron…
-¿A dónde la llevaron?
Al Hospital Barros Luco, parece. Me hicieron una ecografía y ahí se veían las píldoras de Misotrol. Me trataron súper mal en el hospital. La mujer que me recibió me golpeó y dijo: “¡Yo no recibo a éstas: que se vaya al hospital de su comuna!”. De ahí me fui al hospital Félix Bulnes. Ahí nació mi bebé. Tenía seis meses de gestación. La guagua estaba en neonatología y no me dejaban salir porque estuve con un carabinero desde que nació hasta que llegué a la cárcel. Mi hijo murió horas más tarde de insuficiencia respiratoria. Nunca más lo quise ver. No tuve las agallas.
-¿Del hospital llamaron a Carabineros para informar que tenían una mujer que se había practicado un aborto?
Sí. Del hospital me trajeron directamente a la cárcel. Pero no fue el doctor el que denunció. Él puso en el certificado: parto normal de pretérmino. Al día siguiente me llevaron a juicio y yo le expliqué todo a la jueza. Fue ella la que dijo que era culpable. Me hicieron un examen siquiátrico y la jueza me derivó a un siquiatra del Instituto Médico Legal. Estuve un tiempo en tratamiento. Después me dejaron en libertad y volví a caer en prisión hace un mes por rebeldía. Volví a entrar a la cárcel el 28 de febrero pasado.
-¿Cómo fue que la encontraron?
Estaba trabajando en el prostíbulo y alguien hizo una tontera. Cuando llegaron los carabineros, yo abrí y consultaron mis datos y vieron que tenía antecedentes. Estaba en rebeldía porque me había cambiado de casa y no había ido a firmar.
-¿Cómo ha sido este tiempo en prisión?
… no me ha venido a ver mi abogada, mis amigas me abandonaron. Nadie me viene a ver. No tengo calzones, no tengo ropa, no tengo shampoo, ninguna cosa. Ni siquiera un chaleco. Cuando llegué, me robaron en el Patio 1 todas las cosas que traía… Menos mal que no saben las otras que me hice un aborto porque ya me habrían matado. Acá se pelean todas. Le juro que si tuviera la oportunidad de suicidarme lo haría.
-¿Nadie sabe acá adentro que está presa por un aborto?
No. Ya no sé qué decirles cuando me preguntan por qué estoy aquí. Yo quiero salir. Quiero recuperar a mi hija. Quiero cuidarla. No quiero que le pase lo mismo que a mí. Ella no tiene la culpa.
-¿Tiene alguna idea de cuánto tiempo se quedará presa?
No lo sé. Estoy procesada por la ley antigua y no me han dicho nada. Mi abogado no ha venido a verme. Nadie se ha preocupado de mí. A nadie le interesa. Mis amigas me dijeron que no me iban a abandonar, pero me dejaron sola. Hay días que se me olvidan aquí. Eso me da susto. Me quiero ir luego. Si no, me va a pasar algo malo. De repente, me duele mucho la cabeza. No sé en verdad lo que me pasa, pero es algo malo. Todas las noches hay sangre de los cortes que las niñas se hacen en los brazos. Si los brazos de las reincidentes están llenos de tajos. Y yo no soy una reincidente. A nosotras, las que estamos por violencia intrafamiliar o por haber perdido un hijo concientemente, no nos sirven las terapias. ¡Si supiera cómo te obliga el sistema! La realidad es algo que no puedo soportar. Y me da miedo lo que se me olvida. Sé que me voy a matar en uno de esos momentos. Y nadie lo va a evitar.






Publicado originalmente en CIPER (04/04/08)