viernes, 13 de noviembre de 2015

LAS ESQUIRLAS DE LA COLUSIÓN DEL PAPEL ESTALLARON EN EL CEP

Cuando Eliodoro Matte invitó a Michelle Bachelet a celebrar los 35 años del CEP, sabía que tenía una bomba en sus manos a punto de estallar. Tres semanas después explotó la colusión del papel orquestada por la empresa que preside Matte: la CMPC. La reputación de sus empresas no fue la única que se dañó, sino también las confianzas que los directivos del CEP buscaban restablecer. Matte ha dicho que no renunciará a la presidencia del centro, pero no son pocos los que creen que debe dar un paso al costado en el próximo Consejo Directivo, el 4 de diciembre.

Por Francisca Skoknic y Juan Pablo Figueroa



El diario económico Pulso fue el primero en plantear abiertamente la pregunta: “¿Debe Eliodoro Matte dar un paso al costado en el CEP?”, tituló el viernes 30 de octubre. Habían pasado menos de 48 horas desde que la Fiscalía Nacional Económica (FNE) hiciera un requerimiento ante el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) por colusión contra la CMPC, la empresa papelera que preside Matte, y contra la compañía sueca SCA, su principal competidora en el área tissue y con la que coordinó precios durante más de una década. Los focos se giraron de inmediato hacia el Centro de Estudios Públicos (CEP), que preside Eliodoro Matte.

Es desde ese estrado que Matte ha buscado acrecentar su influencia en el país, promoviendo el ideario del modelo liberal y su incidencia en las políticas públicas. Por eso, invitó a la Presidenta Michelle Bachelet hasta la casona que ocupa el CEP en calle Monseñor Sótero Sanz (Providencia), a una reunión privada el 8 de octubre con la que celebrarían los 35 años de la institución. Las fotos muestran a una sonriente Bachelet y cinco de sus ministros con Eliodoro Matte y con lo más granado de la cúpula empresarial, reunida en el Consejo Directivo del CEP.

Eliodoro Matte
Aunque en su discurso Eliodoro Matte reconoció allí las malas prácticas del sector privado –“le aseguro señora Presidenta, que somos capaces de aprender”– puso el énfasis en la “poca calidad” y la celeridad de las reformas impulsadas por el gobierno.

“La importancia de recuperar la confianza”, fue el título del discurso de Matte (ver texto completo), quien en ese momento ya sabía que la FNE investigaba la escandalosa colusión de su empresa, pues seis meses antes la CMPC se había autodenunciado (lo hizo en marzo de este año, aunque la investigación se había iniciado tres meses antes). Esa bomba de tiempo -que explotó tres semanas más tarde- Eliodoro Matte ya la tenía en sus manos cuando invitó a Bachelet.

“Es obvio que Eliodoro Matte sabía lo que estaba pasando en la papelera (…) me parece que fue impropio haber convidado a la Presidenta y creo que él debiese haber cancelado esa reunión”, cuestionaría después el ministro de Energía, Máximo Pacheco Matte, uno de los asistentes al encuentro y primo de Eliodoro Matte, agregando que el telón de fondo de la reunión “fue brutal”.

Incluso el subdirector de CEP, Lucas Sierra, dijo a CIPER que lamentaba el hecho: “Creo que el episodio de la foto de Matte con Bachelet para los 35 años del CEP fue muy desafortunado. Fue un seminario académico muy interesante, y la Presidenta nos honró al venir con el equipo de ministros, pero el problema fue esa foto. Fue sin duda una secuencia de hechos muy desafortunada. Nadie sabía y se podría haber hecho de otra manera. Y eso es un ingrediente del golpe (al CEP). Pero estamos tranquilos, respaldados en esta institucionalidad”.

Lucas Sierra
En la única entrevista que ha dado después del escándalo, Eliodoro Matte negó al diario El Mercurio haber tenido conocimiento de la colusión ilícita que realizaba su empresa; pidió perdón y aseguró que no renunciaría al CEP. Pero Matte no sólo expuso a Bachelet, sino que puso al CEP en la mira de los cuestionamientos. “Esa invitación a la Presidenta es el punto crítico. Pudo no saber de la colusión, pero sabía que había ido a autodenunciarse. Debió al menos restarse del protagonismo, enfermarse ese día, porque además con un discurso sobre la confianza…”, reflexiona un consejero del CEP que pidió guardar el anonimato.

Porque hasta ahora el único integrante del centro que ha criticado públicamente a Matte es el abogado José Zalaquett, quien renunció a su Consejo Directivo. Pero en voz baja son varias las voces que esperan que en los próximos días Eliodoro Matte dé un paso al lado, pues creen que es la única forma de detener el daño provocado al CEP.

“Eliodoro Matte debe renunciar, es una señal de asumir responsabilidad; si sabía de la colusión, o si no sabía, por ser negligente. El CEP ha tenido una gran credibilidad, atrae a muchos jóvenes de distintos lados, es un capital en cuanto a think tank”, dijo Zalaquett a El Mercurio. En la misma línea, otro consejero dijo a CIPER que por ahora se inclina “levemente” por que Matte renuncie, pues si es cierto que el empresario no sabía de la colusión, sería incompetencia, y se pregunta: “¿Qué tan conveniente es que el CEP sea liderado por un incompetente?”.

Quienes trabajan en el CEP están preocupados por la imagen del centro. “Mucha gente cree que Matte debería renunciar y yo preferiría que eso pase en diciembre”, dice un profesional cercano al CEP en relación a la reunión del Consejo Directivo, programada para el día 4 de ese mes. Es la única instancia con potestad para remover a Matte antes de la fecha en que le correspondería dejar el cargo: en mayo del próximo año.


“UNA DISCUSIÓN DELICADA”

El viernes 6 de noviembre Eliodoro Matte llegó hasta la sede del CEP para presidir la reunión de su Comité Ejecutivo, en el que participan ocho de los 24 integrantes del Consejo Directivo. A través de un comunicado, al término de la reunión se envió una señal de respaldo a Matte, recalcando que los consejeros no representan a sus empresas y que, como parte de un proceso de transición programado, en mayo se elegirá al nuevo presidente (ver declaración completa). En el CEP reconocen que el texto fue algo confuso, pues no se aclaró que el Consejo Ejecutivo no tiene atribuciones para revisar la permanencia de Matte.

La historiadora Sol Serrano, quien integra el Consejo Directivo, dijo a La Segunda que le cree a Matte y que no tiene cuestionamientos contra él. Aún así, pidió una reunión de urgencia de los consejeros directivos para tratar el asunto y dijo estar en desacuerdo con que el problema se haya debatido en el Consejo Ejecutivo.

Harald Beyer
-En el Consejo Ejecutivo se vieron otras cosas, pero fue una discusión delicada. Las posturas fueron distintas. No podemos desconocer internamente el apoyo y lo que ha significado para el CEP el trabajo de Eliodoro Matte. Es muy importante y ha sido una presidencia muy positiva y muy correcta, muy deferente hacia la academia y sus principios. Y eso no se puede borrar de un plumazo -explica Lucas Sierra, quien asistió a la reunión en representación de Harald Beyer, el director del CEP, quien estaba en Estados Unidos y decidió no volver ante la urgencia, sino seguir con sus actividades académicas.

“La consigna fue ‘calma’”, resume Sierra. Esa parece ser también la voz que prima entre los consejeros directivos, que no quieren agitar las aguas y prefieren esperar lo que Matte tenga que decir en diciembre. “Lo que a mí me interesa es salvar al CEP”, explicó un consejero a CIPER, quien cree que Matte se dará cuenta solo de que lo mejor es que dé un paso al lado.

Una señal de que el escenario se le presenta difícil a Eliodoro Matte, lo dio esta semana una editorial de El Mercurio, diario tradicionalmente cercano a la papelera y a sus controladores. Allí se lee: “por la propia eficacia de todas las actuaciones del CEP en los próximos seis meses, resulta prudente al menos abstenerse del ejercicio de su dirección máxima, mientras no se concluye la investigación de la grave colusión detectada”.


LA “CRUZADA” POR LA COMPETENCIA

A la espera de lo que el consejo directivo resuelva en diciembre, los investigadores del CEP siguen con su agenda y buscan la forma de enviar señales de independencia. Aunque insisten en que hasta ahora ni Matte ni ninguno de los empresarios que financian el organismo han buscado influir en su trabajo, saben que en este momento es necesario que la opinión pública perciba que los problemas de su presidente no interfieren en sus investigaciones.

Por ello, le dan vueltas a la idea de intensificar su trabajo en temas de competencia en los próximos meses, aunque es un área que siempre ha ocupado un lugar importante en la agenda del centro, porque es clave para el funcionamiento del modelo de mercado que el CEP promueve.

Por ejemplo, este martes 10 de noviembre, dio una charla en el centro Alan Frankel, un estadounidense experto en el funcionamiento del mercado de tarjetas de crédito. Había sido invitado por la FNE para que atestiguara ante el TDLC, con el objeto de entregar argumentos para desarmar el monopolio de Transbank (empresa en la que participa el Banco BICE, del Grupo Matte). La visita iba a ser antes y fue reprogramada por problemas personales de Frankel, lo que hizo que la visita del experto de la FNE al CEP coincidiera con la polémica por la colusión del papel.

“La colusión es uno de los flagelos más grandes que puede tener una economía del tamaño de Chile”, dice un economista cercano a la institución. En agosto pasado, el CEP recogió opiniones de expertos sobre si era necesario aplicar pena de cárcel a la colusión: la mayoría estuvo más bien de acuerdo con reponer el castigo penal y debatieron sobre la forma (ver documento). Todo eso hace particularmente sensible para el CEP el caso de la CMPC.

Casona del CEP en Providencia
La libre competencia también ha sido un tema recurrente para Eliodoro Matte. Entre diciembre de 2012 y marzo de 2013, envió tres cartas a El Mercurio sobre competencia en el mercado de los medicamentos. A partir de esas cartas, el diario La Segunda y Qué Pasa, publicaron sendas notas explicando “la antigua preocupación de Matte por la libre competencia”, “una verdadera cruzada” porque “es un apasionado de la libre competencia y la transparencia”.

El interés de Matte por el mercado de los medicamentos data de la época en que la dictadura lo reclutó como jefe de Finanzas del Ministerio de Salud, gerente general de Laboratorio Chile y de la Sociedad Constructora de Establecimientos Hospitalarios. “El año 73, con mis amigos de Chicago (ahí estudió un MBA), asumimos distintos cargos en el sector público. A mí me tocó salud”, recordó en 2005 al recibir un premio. Como funcionario público, dicen las notas, trató sin éxito de hacer cambios legales para introducir más competencia al mercado farmacéutico, pero fracasó por el lobby de los laboratorios y del Colegio Médico.

En su primera carta a El Mercurio, Matte celebra además dos resoluciones del TDLC: la que condicionó la fusión de SMU con Supermercados del Sur a la venta de algunos locales y la que advirtió de las diferencias de precio de las llamadas telefónicas dependiendo de la compañía de destino. “Creo que todos los organismos públicos deben facilitar, en los distintos sectores de la economía, la concurrencia de nuevos entrantes o el desarrollo de competidores más pequeños. Ello es la mejor receta para que los consumidores aprecien las bondades de una economía de mercado verdaderamente competitiva”, concluye Matte.

CMPC Tissue operó en sentido contrario de la receta que su presidente daba para el resto de la economía. No sólo se coludió con su principal competidora al menos entre 2000 y 2010 para subir los precios, según la FNE, sino que acostumbraba hacer las llamadas “fiestas de bienvenida” a los nuevos actores, bajando los precios a niveles en que éstos no pudieran competir. Así sucedió en 2001 cuando Kimberly Clark introdujo el papel higiénico Scott, recuerda un ex ejecutivo, y luego en 2006, cuando la sueca SCA tomó el control de Pisa. Además, actores de la industria acusan que la empresa conseguía trato especial con los principales supermercados, para asegurar los mejores espacios en las góndolas y en los catálogos comerciales, entre otros beneficios que mantenían su liderazgo indiscutido.

“Vivimos en un país privilegiado y ustedes son parte de un grupo privilegiado en este país privilegiado”, era la lección que, según han relatado los hermanos Matte Larraín, les transmitía su padre, Eliodoro Matte Ossa. La empresa CMPC –de la que Eliodoro Matte fue gerente general desde 1981 y presidente desde 2002 hasta hoy– se ha encargado de mantener siempre ese lugar privilegiado.


LA REFUNDACIÓN

El escándalo de la colusión sorprende al CEP en un periodo de transición. Fundado en 1980, su primer presidente fue el ex ministro de Hacienda de Pinochet, Jorge Cauas. Eliodoro Matte ocupa esa testera desde 1987 y su mano derecha fue siempre Arturo Fontaine, quien logró darle un halo académico e intelectual a una institución financiada por los grandes empresarios y que busca influir con un ideario liberal. La seriedad de sus encuestas, que debutaron en 1988 con el pronóstico del triunfo del No, contribuyó a posicionar al CEP como un actor independiente y relevante para el mundo político. Pero no fue hasta que llegó a La Moneda Ricardo Lagos que se consolidó como un interlocutor poderoso de los gobiernos democráticos.

Arturo Fontaine
El primer presidente socialista después de Allende se preocupó de tender puentes con el empresariado y el CEP se convirtió en una excelente plataforma. Durante su gobierno se volvieron una tradición las reuniones en la antigua casona que el CEP ocupó hasta 2005 en la misma calle Monseñor Sótero Sanz. Hasta ahí llegaba Lagos con sus ministros. Lo recibían Matte, Fontaine y los otros empresarios que participan de la institución, y dialogaban sobre las políticas públicas que se estaban impulsando.

Harald Beyer, entonces coordinador académico del CEP, se convirtió en el economista liberal más escuchado en La Moneda, invitado como experto a todo tipo de comisiones –algo que se extendió hasta el primer gobierno de Bachelet–, dejando la huella del CEP en importantes políticas públicas. Fue él, por ejemplo, quien convenció a Lagos de que el programa Chile Solidario debía complementarse con transferencias monetarias, un aporte pequeño que fue clave para mejorar las estadísticas de pobreza (ver reportaje). Otros investigadores, como Salvador Valdés, tuvieron un rol gravitante en decisiones que hasta ahora dan que hablar, como los aportes reservados a las campañas políticas.

Los problemas empezaron durante el gobierno de Piñera. En 2011, en pleno auge del movimiento estudiantil, Fontaine presentó un libro del economista Patricio Meller llamado “Universitarios: ¡El problema no es el lucro, es el mercado!”. Fontaine no sólo se desmarcó del gobierno y la derecha liberal, sino del propio autor cercano a la Concertación, y durante la presentación dijo que “el lucro importa y mucho” (ver presentación), una idea que defendió luego a nombre del CEP en la Comisión de Educación del Senado (ver presentación).

En 2013, la vocación del CEP de ser un centro donde conversan distintas miradas de la realidad fue llevada al límite por Fontaine, quien organizó seminarios en los que expertos cuestionaron la veracidad de las cifras de disminución de la pobreza arrojadas por la encuesta Casen en el gobierno de Piñera (ver reportaje). A ello se sumó una fuerte crítica a las encuestas realizadas por el CEP, en plena campaña presidencial, debido a que primero se interrumpió el trabajo de campo cuando Pablo Longueira bajó su candidatura, y luego la nueva candidata de la derecha, Evelyn Matthei, aparecía perdiendo en primera vuelta frente a Michelle Bachelet. “No hay nada que le haya hecho más daño a mi campaña que el Centro de Estudios Públicos”, diría Matthei.

La tensión al interior del CEP llegó a su punto máximo cuando Harald Beyer, ahora ministro de Educación, debió dejar su cargo luego de una acusación constitucional en que se le imputó justamente no haber fiscalizado el lucro en las universidades. “Me hubiera gustado un gesto más notorio de Arturo Fontaine a Harald Beyer”, dijo entonces el abogado de Eliodoro Matte y consejero del CEP, Enrique Barros, quien además fue el defensor de Beyer.

En octubre de 2013 la encuesta del CEP mostró una nueva fotografía del país: un 86% de los encuestados estuvo de acuerdo con la protección a los consumidores; un 85% con reducir la diferencia de ingresos; un 83% con una nueva nacionalización del cobre; y un 36% con el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Efectivamente, Chile había cambiado. Y los cambios también se suscitarían en el CEP. Primero, Eliodoro Matte le pidió la renuncia a Arturo Fontaine tras 31 años como director. Tres meses después, la coordinadora del área de opinión pública y responsable de la encuesta, Carolina Segovia, renunció a su cargo.

La nueva etapa del CEP sería liderada por Harald Beyer. Ese turbulento 2013 se cerró con el anuncio de cambios institucionales en el centro.

El programa de Michelle Bachelet fue el que propuso los mayores cambios estructurales al modelo desde el retorno a la democracia, con reformas tributaria, laboral, educacional y constitucional como piedras angulares. Y, por tanto, alejado de las ideas que defiende el CEP. El desafío emergió cuando el centro estaba en su momento más débil, a lo que se sumó una derecha golpeada por las elecciones y las organizaciones empresariales sin el poder de antaño para enfrentar las amenazas de un nuevo gobierno “socialista”.

Por eso, cuando Matte ejecutó la transformación estatutaria y financiera del CEP insistiendo en que no le interesaba transformar al centro de estudios en una institución “de trinchera”, muchos creyeron ver allí un intento del gran empresariado para potenciar un think tank capaz de hacer frente a las reformas.

Un mes y medio después del triunfo en segunda vuelta de Bachelet, diez de los empresarios más ricos de Chile sellaron un compromiso que desde hace dos años venían forjando. Sus firmas ratificaron el 23 de enero de 2014 el pacto de los grupos económicos más importantes del país –Matte, Luksic, Solari, Angelini y Yarur, entre otros- como lo grafica la nómina de los más ricos del mundo, según la revista Forbes (ver tabla).

El selecto grupo, conformado por Roberto Angelini (Copec, Celco, Corpesca), Juan Andrés Camus (BTG Pactual, Bolsa de Comercio), Jorge Errázuriz (BTG Pactual), Jean Paul Luksic (Antofagasta Minerals, Quiñenco), Eliodoro Matte (CMPC), Juan Eduardo Obach (Papeles Bío Bío), José Said (Parque Arauco, BBVA), la Fundación Reinaldo Solari (representada por Piero Solari, Falabella), Wolf Von Appen (Ultramar) y Luis Enrique Yarur (BCI), firmaron los estatutos de la “Fundación CEP”, comprometiéndose a aportar en un fondo o endowment la suma de $26.500 millones, unos US$50 millones de la época, dentro del plazo máximo de dos años.

Cada uno de los “fundadores” –como se les denomina en la escritura pública protocolizada ante la 18° notaría de Santiago– manifiesta su voluntad de constituir una fundación que busca “analizar y divulgar, con criterio independiente, liberal y crítico, los problemas filosóficos, políticos, sociales y económicos que interesan a la sociedad chilena, como también estudiar, discutir y diseñar políticas públicas, con el fin de ayudar a la consolidación y desarrollo de una sociedad libre y democrática”. Para cumplir esos fines, la fundación dotará de recursos al Centro de Estudios Públicos (ver escritura).

Jorge Errázuriz
El endowment, inspirado en el modelo de los think tanks anglosajones, es un fondo que se invierte en instrumentos financieros seguros, cuyos intereses sirven para financiar el funcionamiento del CEP. Con ese monto, “es posible mantener al CEP vigente, independientemente de los vaivenes de la economía. Y si hubiera una situación económica muy mala, donde nadie quisiera donar dinero, la institución podría seguir funcionando a un nivel mínimo”, decía a CIPER en ese momento Jorge Errázuriz.

Hasta entonces, el CEP dependía principalmente de las donaciones de las empresas y siempre era necesario que alguien anduviera recolectando dineros para así asegurar la sobrevivencia. Precisamente ese estado de incertidumbre es lo que habría motivado a Eliodoro Matte, a estructurar la “Fundación CEP”.

El aporte inicial de nueve de los empresarios fundadores, fue de $10 millones, cada uno. Y fueEliodoro Matte, el presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), quien contribuyó con la mayor cantidad: $10 mil millones, un 38% del total comprometido.

El resto de los aportes de los otros fundadores quedó estipulado de la siguiente forma: Juan Andrés Camus, Jorge Errázuriz y Juan Eduardo Obach donarían a la Fundación CEP $490 millones cada uno, durante el primer año. Roberto Angelini, Jean Paul Luksic, la Fundación Reinaldo Solari, José Said, Wolf Von Appen y Luis Enrique Yarur se comprometieron a entregar $2.490 millones cada uno. Angelini y Yarur lo harían dentro del primer año; mientras, Luksic, Said y Von Appen se comprometieron a hacerlo entre 2015 y 2016. Si se cumplió el calendario estipulado en los estatutos, sólo ellos tres tendrían aportes pendientes que hacer. El plazo para completar la donación vence el 23 de enero próximo.

Lucas Sierra explica que cuando el fondo esté operando en régimen, aportará un tercio del presupuesto anual del centro, pero los donantes aún no terminan de entregar todo el dinero que comprometieron. Este año recibieron, además, aportes de 80 empresas (ver lista). “Nos interesa mantener este pool de donantes diversificados, porque nos demuestra que hay élites económicas que tienen compromiso público”, añade Sierra.

Una de las reglas es que ningún donante puede representar más del 10% del patrimonio y las donaciones tampoco pueden estar ligadas a una investigación o área específica. La idea es entregar garantías de independencia a las investigaciones, para lo cual también se exige que cada una vaya firmada por su autor y no se publican documentos institucionales.


NUEVOS INTEGRANTES

En la primera reunión del consejo o directorio de la fundación, que sesionó el 11 de abril de 2014, se nombró como presidente a Eliodoro Matte; tesorero a Wolf Von Appen; y secretaria a la abogada Blanca Sánchez de Toca. También se designó un comité de finanzas, integrado por Juan Andrés Camus, Salvador Said e Ignacio Yarur, que diseñó una política de inversiones, que incluyó la licitación de la administración del fondo. Matte, Von Appen, Camus, Said, Roberto Angelini, Jorge Errázuriz, Jean Paul Luksic, Juan Eduardo Obach, Carlo Solari y Luis Enrique Yarur fueron designados como directores.

El directorio de la Fundación CEP acordó también aumentar de 18 a 24 los miembros del Consejo Directivo del CEP: al menos ocho de ellos serían elegidos por el mismo directorio de la fundación. En esa ocasión se designaron a ellos mismos, mientras que Matte y Von Appen asumieron la presidencia y vicepresidencia del centro de estudios. El poder de los financistas de la fundación quedó expresado también en el derecho de tres de sus integrantes de incorporarse al Consejo Ejecutivo del CEP.

José Zalaquett
En la práctica, el Consejo Ejecutivo del CEP quedó integrado por seis de sus principales financistas fundadores: Eliodoro Matte y Wolf Von Appen a la cabeza (presidente y vicepresidente respectivamente); Juan Andrés Camus, Juan Eduardo Obach, Salvador Said y Carlo Solari como consejeros. A ellos se sumó el abogado Enrique Barros, el académico Leonidas Montes y el experto en finanzas David Gallagher, históricos colaboradores del centro.

Todos ellos integran además el Consejo Directivo del CEP. Ya en diciembre de 2013 se había anunciado que esa instancia se ampliaría para incluir “nuevos mundos”. Fue entonces que se incorporó la historiadora Sol Serrano, la primera mujer en integrar el consejo; junto al abogado de derechos humanos José Zalaquett (ahora renunciado); los economistas Sebastián Edwards y Ricardo Caballero. A ellos se sumó luego el ex contralor Ramiro Mendoza. Los otros integrantes de este consejo que será clave para el futuro de Eliodoro Matte son Juan Claro (ex presidente de la CPC), Fernando J. Larraín (Larraín Vial), Jorge Matetic (Viña Matetic), Fernando Reitich (CAP), Alejandro G. Vigo (filósofo) y Joaquín Villarino (Consejo Minero).


LA DIFÍCIL SUCESIÓN

Hace ya un tiempo que Eliodoro Matte viene hablando de la necesidad de un cambio y ha mencionado que su sucesor debe ser algún integrante de las nuevas generaciones. Ha mencionado a Leonidas Montes, Salvador Said, Joaquín Villarino y Carlo Solari. Pero quienes conocen el tejemaneje del CEP hacen ver que no será fácil dar con el nombre adecuado.

Por un lado, creen que por la dinámica interna, el futuro presidente del CEP debe provenir del empresariado, pues actúa como una especie de bisagra entre los financistas y el área académica. Es en el Consejo Directivo donde los empresarios pueden plantear su opinión sobre las líneas de investigación, pero al mismo tiempo se debe garantizar la independencia del centro.

Asumiendo que el futuro presidente del CEP provendrá de la nueva generación de empresarios, se reduce el campo y se enfrenta un problema contingente: el descrédito que tiene hoy el mundo privado ante la opinión pública. “¿Qué grupo empresarial no está siendo profundamente cuestionado hoy?”, se pregunta un profesional cercano al centro.

De los grandes conglomerados, el Grupo Matte era de los pocos que hasta ahora no había sido protagonista de ninguno de los escándalos de los últimos años. Luksic está complicado por Caval, Angelini involucrado judicialmente en dos investigaciones por financiamiento ilegal de la política, en las que Said y Yarur también se han visto afectados aunque en menor grado. Wolf Von Appen es parte del directorio de SQM. Es claro que la elección no será fácil, tanto si es en diciembre como si se posterga para mayo.


Publicado originalmente en CIPER (12/11/2015)

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