lunes, 28 de octubre de 2013

CONTRALORÍA DETECTA NUEVAS FALLAS EN LOS CONTROLES DE ASISTENCIA DE MÉDICOS EN HOSPITALES


En su edición del lunes 28 de octubre, El Mercurio publica un artículo sobre una nueva auditoría que realizó la Contraloría General de la República (CGR) en 18 hospitales del país para fiscalizar el cumplimiento de horarios de los médicos. El resultado, como ha ocurrido en revisiones anteriores, fue desastroso. En 15 de los establecimientos visitados –es decir, el 83,3% de la muestra– se detectaron falencias en los controles de asistencia del personal médico. Entre las fallas que detectó la CGR se encuentran, entre otras, vulneraciones de los libros de asistencia, incumplimientos de jornada y ausencias no justificadas, y faltas de definición sobre el sistema de control horario que rige para el estamento que encabeza la escala jerárquica del sistema público de salud.


No es la primera vez que la CGR detecta este tipo de irregularidades. En septiembre de 2010, CIPER publicó una investigación que duró más de un año y que reveló cómo gran parte de los médicos de los establecimientos asistenciales del Estado aprovechan la ausencia de controles para privilegiar sus trabajos en el sector privado en desmedro de sus obligaciones como funcionarios públicos (ver primer y segundo capítulo de la investigación). Una actitud que afecta directamente a sus pacientes, que son precisamente la población más vulnerable del país.

En esa oportunidad, revisamos los libros de asistencia de cinco hospitales de Santiago, cruzamos los datos con los horarios que los profesionales cumplían tanto en los establecimientos estatales como en sus consultas o clínicas privadas y comprobamos en terreno cómo la ausencia de mecanismos de control permite que a diario gran parte de los médicos vulneren el sistema. Así, expusimos cómo un médico del Hospital San Borja registraba asistencia de cuatro días en menos de un minuto y anotaba horas que no correspondían a la realidad; cómo doctores del Hospital Félix Bulnes mantenían a sus pacientes en espera durante horas –o de frentón, no los atendían– porque simplemente no llegaban a tiempo; cómo un profesional del Hospital Sótero del Río no sólo llegaba tarde, sino que además despachaba a sus pacientes en menos de cinco minutos; o cómo un médico del Hospital del Salvador se escapaba a un centro de salud privado en el mismo horario que debía estar atendiendo pacientes que llevaban meses esperando por una consulta. A esos ejemplos se suman numerosos casos de inasistencias injustificadas, total ausencia en los registros y cruces de horarios entre los distintos trabajos de los médicos.

El marzo de 2010 la CGR detectó las mismas irregularidades en 13 hospitales del país (ver informe). Y ocho años antes, una inspección a 16 establecimientos distintos arrojó los mismos resultados. Después de cada uno de esos informes, las autoridades anunciaron públicamente cambios que apuntaban a homologar los mecanismos de control en los hospitales, de manera que los médicos fueran controlados al igual que los demás funcionarios del sistema. Pero la resistencia ha sido tal que aún hoy, en muchos hospitales los doctores gozan de total falta de control, un privilegio que no tiene ningún otro funcionario público en Chile.

En todo caso, una diferencia importante respecto a los informes de años anteriores tiene que ver con la posición que ha asumido el Colegio Médico frente a las críticas. En 2010, luego de que CIPER publicara su investigación, el entonces presidente del gremio, el doctor Pablo Rodríguez, señalaba que sólo se trataba de “casos aislados” y defendía la ausencia de mecanismos de control más estrictos argumentando que los médicos “tienen flexibilidad horaria en sus contratos”. Muy distinto a lo que señala hoy el actual presidente de los médicos, el doctor Enrique Paris. De acuerdo a las declaraciones que entregó a El Mercurio, Paris considera que no hay razones que justifiquen la diferencia en los mecanismos de control entre los médicos y los demás funcionarios de los hospitales. “¿Por qué si las enfermeras firman o registran, no lo podemos hacer nosotros también?”, dice.

El artículo de El Mercurio da cuenta además de cómo en el Hospital San José la resistencia aún existe. Allí, los médicos le han declarado la guerra a la dirección, luego de que les notificaran que en las próximas semanas se aplicará un nuevo mecanismo para controlar su asistencia: ya no habrá libros de firmas, sino que deberán acreditar su ingreso y egreso del establecimiento con su huella dactilar. La misma medida deberán adoptar los otros 14 hospitales cuestionados por la CGR, a los que les dio un plazo de 60 días hábiles para subsanar las irregularidades detectadas en la auditoría.


Publicado originalmente en CIPER (28/8/2013)

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