viernes, 2 de agosto de 2013

ROBO EN LA CASA DEL SENADOR ESPINA Y ASESINATO DE CARABINERO EN MACUL DESNUDAN FALLAS EN EL COMBATE AL DELITO

El asesinato de un carabinero y el robo en la casa del senador Alberto Espina dan cuenta de algunas de las principales fallas que influyen en que, lejos de disminuir, en Santiago la delincuencia haya aumentado en los últimos años. Las cifras de victimización y de denuncias refrendan la percepción de inseguridad que manifiesta la población, afectando directamente la confianza que los chilenos depositan en sus instituciones. Allí confluyen dos aspectos clave que los ciudadanos cuestionan: la facilidad que otorga el Poder Judicial para que delincuentes violentos vuelvan a las calles tras cometer un crimen y la forma en que Carabineros destina recursos para otorgar protección en zonas donde no se concentra la mayor cantidad de delitos.

Por Gustavo Villarrubia y Juan Pablo Figueroa




A pesar de tener un carabinero que lo acompaña todo el día y adonde sea que vaya desde hace más de 13 años, el senador Alberto Espina no pudo evitar ser víctima de la creciente ola de delitos que afectan al sector oriente de la capital. En sólo un mes, dos veces un grupo de delincuentes intentó entrar a su casa en Lo Barnechea. En una de esas oportunidades, la primera, los sujetos tuvieron éxito y se llevaron la caja fuerte del parlamentario. La segunda vez alcanzaron a entrar al patio de servicio, pero fueron sorprendidos y huyeron.

Según la última encuesta sobre victimización realizada por Paz Ciudadana y Adimark Gfk, la comuna donde vive Espina forma parte de un cordón de municipios (compuesto además por Providencia, Ñuñoa, La Reina, Vitacura y Las Condes) donde la victimización en delitos de robo o intentos de robo es de un 36,3%. Y aunque el alza de 3,2 puntos porcentuales respecto del año pasado no es significativa estadísticamente, sí da cuenta de que la sensación de inseguridad en ese sector de Santiago ha aumentado, como también lo han hecho las cifras de denuncias.

Aunque a nivel nacional los datos del Ministerio Público indican que el robo en lugar habitado ha disminuido un 1,4% en el último año, en el sector oriente de la capital han aumentado en un 21,6%. Los registros policiales del primer semestre de 2013 (hasta el 30 de junio) indican que la 53ª Comisaría de Lo Barnechea recibió 363 denuncias por robo en lugar habitado. La primera semana de julio, cuando la casa del senador Espina fue vulnerada, en el sector se registraron otros 21 asaltos. La semana siguiente, el registro fue el mismo: 22 irrupciones de morada; mientras que en la tercera semana de julio, la cifra se alzó hasta los 31 delitos del mismo tipo. Fue en ese último período que el parlamentario estuvo a punto de ser nuevamente asaltado. Sólo entonces Carabineros reforzó la seguridad del sector, lo que tuvo impacto directo en las cifras que disminuyeron considerablemente durante la última semana de julio.

El todo caso, las estadísticas oficiales demuestran que lejos de desaparecer, los delitos de mayor connotación social se han mantenido o incluso aumentado en toda la Región Metropolitana. La gravedad de lo sucedido en Macul la mañana del jueves 1 de agosto, es una muestra clara de ello.


LOS ASESINOS DEL CARABINERO QUE DEBÍAN ESTAR PRESOS

A las 9:30 de ese jueves, tres delincuentes entraron armados a una sucursal de la Caja de Compensación Los Héroes. Amenazaron a los funcionarios y a los clientes y se llevaron $13 millones. Era un robo con violencia: un delito que según los datos de la 46ª Comisaría de Macul, durante el primer semestre de este año ha aumentado en esa comuna en un 48% en relación al mismo período de 2012. Ese delito también tuvo un impacto directo en las estadísticas, específicamente, en las de homicidio.

Tras el asalto, tres carabineros repelieron a balazos la huída de los delincuentes. Uno de ellos, el subteniente Daniel Silva Rodríguez, ni siquiera alcanzó a bajar del vehículo policial: recibió una bala en la cabeza a quemarropa. Horas después falleció. Tenía 27 años.

El asesinato del carabinero vuelve a dejar al descubierto otro gran vacío que afecta directamente a la seguridad de la población: la llamada “puerta giratoria”.

De acuerdo a la encuesta nacional que realizó el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales (ICSO) en el primer semestre de 2013, el Poder Judicial es una de las cinco instituciones –de un total de 13– que generan mayor desconfianza en la población, junto a los partidos políticos, la Cámara de Diputados, el Senado y los ministros (ver encuesta). Y una de las razones de esa falta de confianza radica precisamente en la facilidad con que algunos delincuentes violentos con extensos prontuarios vuelven a las calles tras cometer un delito.

Tanto José Miguel Muñoz Parada como Jaime Erixson Jorquera Ibarra –los dos hombres detenidos por su participación en el robo con homicidio en Macul– deberían haber estado presos ese día. Muñoz cumplía una condena de 15 años por robo con violencia y homicidio en el penal Colina I, pero su “buena conducta” le significó el beneficio de la salida diaria desde diciembre de 2012, aunque su sentencia recién acababa en 2015. En marzo dejó de pernoctar en la cárcel y desde entonces estaba prófugo. Por otro lado, Jorquera iba a salir en libertad en enero de 2014, pero obtuvo la reducción de su sentencia, por lo que ya se encontraba libre. Ambos sujetos se suman a los 3.674 reclusos que han recibido indultos por parte el gobierno desde junio del año pasado, en su intento por descongestionar el sistema penitenciario en Chile, uno de los más sobrecargados de la región.

Lamentablemente, el caso del carabinero muerto se suma a otros de alto impacto público donde los protagonistas debían haber estado en prisión cumpliendo condenas. Basta recordar el asesinato del joven Daniel Zamudio a manos de un grupo de neonazis, el del violador de Ñuñoa o el del femicida que mató a su esposa e hijo en Lo Barnechea (ver reportaje), la misma comuna donde reside el senador Alberto Espina y que ha visto crecer sus cifras de delitos violentos.


LA PROTECCIÓN DEL SENADOR

El pasado jueves 4 de julio, un grupo de delincuentes ingresó a la casa del senador Alberto Espina en Camino La Colina, una pequeña calle en Lo Barnechea donde, junto a la del parlamentario, conviven otras 33 familias. Él no estaba, ya que se encontraba en la peluquería junto al carabinero que lo acompaña como guardaespaldas desde hace 13 años, pero en el inmueble sí estaban su esposa, su hija y otras dos personas que trabajan en el hogar. Aunque ninguno vio a los sujetos, las investigaciones sugieren que cogieron una escalera, entraron a una pieza del segundo piso y se llevaron una caja fuerte que el parlamentario guardaba en el clóset de su habitación. Ahí tenía recuerdos familiares, además de una colección de relojes, las medallas que ha recibido en el Congreso y varias joyas. Se estima que no tardaron más de 10 minutos en salir con el botín. Sólo se dieron cuenta del robo cuando la esposa del senador subió a su pieza y encontró el desorden. Llamaron a Carabineros. En cinco minutos la calle Camino La Colina se transformó en el centro de un operativo que, según los vecinos, parecía sacado de una película, uno que a pesar de las decenas de veces que han denunciado delitos, nunca habían visto: cerca de veinte vehículos policiales, entre autos y motos, acudieron a la llamada. Aún así, de los delincuentes todavía no se ha sabido nada.

Ese fue el primero de los encuentros directos con la delincuencia que han tenido en el último mes el senador Espina y su familia. El segundo ocurrió la noche del martes 16 de julio, cuando dos personas intentaron nuevamente entrar a su casa. Pero esta vez no lo lograron. El cuidador de la calle –a quien el parlamentario se refiere como “el jardinero”– los sorprendió, los ahuyentó e incluso los persiguió en su auto. De todas formas, lograron escapar. Y de nuevo el lugar se llenó en pocos minutos de carabineros en un ostentoso operativo que lideró en persona el jefe de la Zona Metropolitana Este, general Víctor Herrera Pintor.

El despliegue policial en la casa del senador Espina contrasta con la casi nula respuesta que han recibido sus vecinos cada vez que han sido víctimas de un atraco. Una mujer que vive a pocas casas del parlamentario ha sufrido tres asaltos en lo que va del año, todos antes que él. Según cuenta, hasta el perro le robaron. Y agrega: “Nunca me han dado resultados. Ni Carabineros ni la fiscalía. Al contrario, te desaniman a seguir los procesos judiciales diciendo que, como yo poco menos no les estoy entregando la identidad de los ladrones, no tienen cómo obtener resultados. Ahora estoy más confiada de que esto se va poner más seguro. Y lo siento por el resto de mis vecinos que no tienen la suerte de vivir al lado de un senador”.

Muchos de los vecinos consultados por CIPER “agradecen” que el último asalto haya sido en la casa del senador. Y no es porque les caiga mal, sino porque sólo después de ese robo, Carabineros reforzó la seguridad en una zona donde los delitos cada vez son más frecuentes.

Cuando CIPER visitó el barrio el martes 30 de julio, se encontró con un retén móvil de Carabineros estacionado frente a la casa del senador, haciendo punto fijo las 24 horas del día. La guardia la hacen dos policías que se dividen en dos extenuantes turnos de 12 horas cada uno. Según reconoció Espina en entrevista con CIPER, fue el mismo general Herrera Pintor quien dispuso que el vehículo policial se quedara allí por 15 días, sin que él lo pidiera (ver entrevista).

-Carabineros no pregunta, el general dice: yo voy a dejar un retén aquí. Exactamente lo que dice es: “Nosotros hemos resuelto dejar en su casa una vigilancia especial, que va a ser un móvil con un carabinero del Plan Cuadrante, por un plazo de 15 días, porque esta es una zona que tiene alta vulnerabilidad” (...) Pero quiero dejar bien claro: ¡yo no lo pedí! ¡Ni lo solicite! Ni he pedido un trato especial. Las veces que me comuniqué con Carabineros ha sido con los funcionarios del 0S-9 que me asignaron para este caso, para entregarle información que permita esclarecer los hechos –asegura el senador.

Al retén frente a su casa se suman los 30 nuevos efectivos que llegaron a la 53ª Comisaría de Lo Barnechea; el apoyo extra durante los fines de semana de unidades motorizadas, del OS-9 y de la Sección de Investigaciones Policiales (SIP); y la implementación de un intenso control policial que se ha concentrado en el barrio del parlamentario. Sin embargo, los datos de la policía indican que ese sector está lejos de ser el más peligroso en la comuna de Lo Barnechea.

Entre abril y junio de 2013, Carabineros registró 17 robos en lugar habitado en el Cuadrante Nº 113, donde está la casa del senador. Pero el foco de la delincuencia no está ahí, sino que en el cuadrante contiguo, el Nº 114, donde la cifra de asaltos en viviendas fue de 47 en el mismo período; es decir, casi el triple (ver mapas). Y mientras en el último mes se denunciaron en ese mismo cuadrante 57 robos en casas, en el cuadrante donde habita el parlamentario sólo se contabilizaron 16.

CIPER conversó con el senador Alberto Espina sobre cómo le ha afectado el robo a su casa, el por qué cuenta con un policía que lo resguarda desde hace 13 años y las medidas que ha tomado Carabineros para brindarle seguridad (ver entrevista). Una protección que sus vecinos agradecen, pero que consideran que sólo llegó porque ahora le tocó a él ser víctima de la delincuencia que lleva años combatiendo.


Publicado originalmente en CIPER (2/8/2013)

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