miércoles, 9 de noviembre de 2011

PERSEGUIDOS Y EXCLUIDOS POR EL MUNDO: LO QUE SE ESPERA QUE EN CHILE EVITE LA LEY ANTI-DISCRIMINACIÓN

Ayer por la tarde, el Senado aprobó por 28 votos a favor, dos en contra y ninguna abstención la Ley Anti-discriminación en medio de protestas. Ya a la entrada del Parlamento los grupos religiosos atacaban a los que promovían una ley que, a su juicio, es contraria a la familia. Al escritor Pablo Simonetti, presidente de la Fundación =Iguales, que promueve la no discriminación por orientación sexual, le gritaron: “¡Arrepiéntete, degenerado!”. Por su parte, el pastor de la Iglesia Cristiana de la Región del Bio Bío, Luis Silva, dijo a The Clinic: “Nosotros no discriminamos a los homosexuales y nadie los discrimina, nosotros los amamos a ellos, pero lo que no amamos de ellos es el pecado, como Dios ama su creación pero no ama el pecado del hombre”.

Hubo gritos, banderas, pancartas y empujones. Al final, el Congreso tuvo que ser desalojado porque los grupos de evangélicos que llegaron no permitían que se desarrollara la discusión. Eso porque el proyecto ha sido celebrado e impulsado principalmente por las agrupaciones que defienden los derechos de la comunidad de lesbianas, bisexuales, gays y transexuales (LBGT), ya que con ella quedarían penalizados los actos de discriminación en contra de las orientaciones sexuales y la identidad de género.

Pero el proyecto de ley no sólo contempla el resguardo de los homosexuales. Además, considera como discriminación los ataques contra la raza, nacionalidad, situación socioeconómica, ideología, opinión política, idioma, sexo, estado civil, edad, apariencia personal, enfermedad, discapacidad, filiación, sindicalización y participación en organizaciones gremiales. De aprobarse definitivamente (después de que el Senado le diera el vamos pasó al tercer trámite legislativo), en caso de discriminación, los infractores se arriesgarían a una "multa de cinco a 50 UTM (de $193.170 a $1.931.700) a beneficio fiscal, a las personas directamente responsables del acto y omisión discriminatoria".

En todo caso, que la ley se apruebe no quiere decir que la discriminación se acabe. Porque lamentablemente, y como ocurre en todo el mundo, la persecución es algo que incluso en países desarrollados no se ha podido erradicar por completo.

Hay lugares de África donde a los albinos los consideran seres mágicos, especiales. Y esa es su maldición. Por eso los cazan y, si los encuentran, los desmembran y los venden por partes como amuletos. En países como Tanzania, Burundi, Kenia y Uganda se paga alrededor de cuatrocientos dólares por una mano y hasta US$ 65.000 por el paquete completo que incluye: cuatro extremidades, genitales, orejas, lengua y nariz. Uno de cada 5.000 nacidos en ese continente es albino y, si tienen suerte y se salvan de los machetazos, según la crónica que publicó la revista colombiana Soho, simplemente serán parias.

En Tierra Santa hay unos 10.000 gitanos que tienen la mala suerte de serlo en un lugar donde no hay cabida para ellos. Según el reportaje que hoy publica Periodismo Humano, están allí desde el siglo III, por lo que podrían tener tantos derechos como judíos y árabes para llamar a esa “su tierra”. Pero llevan toda la vida cambiando de nombre para no ser descubiertos y tomando la religión de los que los rodean para no ser rechazados. Y eso de poco ha servido: como no son ni israelíes ni palestinos, a nadie le importan. Por ser gitanos, están fuera de cualquier agenda. Lo mismo que pasa en Francia, donde sólo en 2010 se expulsaron cerca de 8.000 gitanos. Si se suman los que ya habían sido echados el año anterior, la cifra se alza casi hasta los 20 mil.

La discriminación ocurre en todos lados, incluso en ciudades “cosmopolitas”, lugares donde pareciera existir mayor tolerancia. Para 2006, un informe de Amnistía Internacional identificó a 36 países que aún tenían leyes discriminatorias contra la mujer. A principios de este año, los musulmanes en Francia sufrieron un veto con la ley que prohíbe el uso de la tradicional 'burka' en espacios públicos. En junio, siguiendo el ejemplo de lo que ya se había hecho en Arizona y Georgia, en el estado de Alabama, en Estados Unidos, aprobaron una ley de inmigración que concedía a la policía la autoridad para detener y solicitar documentos a cualquier extranjero –o cualquiera que lo parezca– ante la sola sospecha de ser indocumentado. Los padres inmigrantes, en su mayoría latinos, temen que si llevan a sus hijos a la escuela, los deporten.

Hace menos de dos meses, Gran Bretaña levantó la prohibición que vetaba a los hombres homo y bisexuales para donar sangre. La medida podría haber sido celebrada por todos los países británicos de no haber sido porque en Irlanda del Norte, la negativa continúa vigente.

Ojala que si se aprueba la ley en Chile, se garantice realmente la igualdad en la ciudadanía. Pero se ve difícil. En su libro Dios Mío, el cronista argentino Martín Caparrós se refiere al secularismo en la India, y dice que, a veces, la aparente aceptación entre distintas culturas y credos “no parece ser la suma de la tolerancia de cada cual, sino la combinación de todas las intolerancias. El respeto no consiste en tolerar lo que hace el otro, sino en garantizar que el otro no va a hacer nada que uno podría no tolerar”. Y esa pareciera ser la premisa aún arraigada en varios sectores de la sociedad.


Publicado originalmente en CIPER (9/11/2011)

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