jueves, 6 de noviembre de 2008

MARILUZ SOTO Y SUS CAMIONES CON MARIHUANA

Mariluz Soto está presa por ser responsable del mayor ingreso de marihuana prensada al país hasta 2002: 560 kilos provenientes de Paraguay. Pero dice que no eran suyos, que sus cargamentos eran mayores. Llegaban en un camión que participaba en una operación que ella coordinaba y que tenía contactos en Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. Después de un caso vinculado al tráfico de cocaína y otro de pasta base, la serie de mujeres narcotraficantes se cierra con la historia de Soto. No hay fotos de ella, pero fue la única que accedió a una entrevista en profundidad desde la prisión. La siguiente es su historia.

Cada mañana, Mariluz Soto Coronado (43) usa una malla en el pelo y un delantal a cuadros. Se mete a la cocina de la sección Proceso en el CPF, y prepara comida en enormes ollas para más de 300 mujeres. Si su buena conducta no le permite acceder a una reducción de la pena en los próximos cuatro años, esa será su rutina por los siguientes diez. Pero está tranquila, o más bien, resignada. Sabe que es el precio de haber sido la responsable del ingreso al país de uno de los cargamentos de marihuana prensada más grandes que se han registrado en Chile.

-Fue algo que podía haber sido antes o después, pero estaba todo premeditado para que pasara. Yo me jugué la personal –dice.

Entre 1996 y 1999, Mariluz tuvo más poder que nunca. Antes de eso, ella se dedicaba a vender pan amasado en su casa o a comprar y revender cosas en alguna feria mientras Raúl Ocayo, su pareja, conducía un camión por rutas nacionales e internacionales. Ella no ganaba mucho y a él le pagaban $150.000 por vuelta. Con tres hijos por parte de Soto, una familia de un matrimonio anterior de Raúl y un arriendo que muchas veces no podían pagar, algo había que hacer. “Yo antes nunca pensé en drogas”, asegura Mariluz.

Según un estudio realizado por la socióloga Claudia Gibbs en 2001, el 18% de las mujeres detenidas en el CPF por tráfico de drogas las vende para financiar su propio consumo y el 82%, para proveer al hogar. Dentro de ese grupo, Soto es parte de esa mayoría y de muchas más: del 63% que nunca ha consumido drogas, del 60% que tiene uno o más hijos y del 83% que lograba acabar el mes con ganancias.

-La persona que se dedica al tráfico de drogas por un tema de solventación familiar está adoptando “una actitud maternal”. Aunque sea injustificable el medio, ella lo que hace es intentar sacar de cualquier forma a su familia adelante –explica el inspector de Investigaciones Carlos Herrera, jefe de la oficina de análisis de la Brigada Antinarcóticos Metropolitana.

A mediados de los ’90, Soto comenzó a acompañar a Raúl en sus viajes. Una vez, mientras iban en una carretera por el norte de Chile, un hombre se les acercó al camión y les ofreció unos paquetes con droga para llevar a Santiago. Raúl lo dudó; Mariluz se opuso tajantemente. Él era más pasivo, mientras que a ella el deseo de superar la situación económica que vivían le venía quitando el sueño desde hace algún tiempo. Pero en ese momento, ni siquiera lo pensó.

-Yo le dije a Raúl que no nos metiéramos en eso. Que nosotros éramos pobres y nos íbamos a morir así. Que mejor siguiéramos como éramos. Ya se nos iba a ocurrir otra cosa –cuenta Mariluz.

Al poco tiempo, ya se había acostumbrado a la vida en la ruta. El camino internacional regular era desde Santiago a Foz de Iguazú, en Brasil, y varias veces le tocó pasar noches en bombas de bencina y comer en paraderos para transportistas. Así, se fue introduciendo cada vez más en ese mundo: conoció tanto a camioneros como a distintas personas de los lugares que visitaban. Y mientras Raúl se dedicaba a beber algunos tragos con sus compañeros, ella observaba. Pensaba en qué podrían llevar de vuelta a Chile para vender. Cigarros, whisky, relojes, perfumes... En ese entonces no lo sabía, pero meses después estaría comunicándose constantemente con gente de Paraguay y Brasil, apoyándose en agentes de aduana y organizando la entrada de camiones cargados de marihuana prensada que se vendería en la capital.

El inicio
En una de esas paradas en Foz de Iguazú, Mariluz escuchó por primera vez de Edson Araujo, un brasilero que se encontraba detenido en la cárcel de Concepción por tráfico de drogas. Soto había conocido a María Gómez, su madre, en uno de los paraderos para camioneros y le prometió que al volver a Chile, lo iría a ver.

-Me dio pena: el pobre estaba preso en otro país. Pero me imaginaba que si le pasaba algo a mi marido y tuviera que quedarse detenido en Brasil... ¡Sería tan terrible! Y cómo estaría este cabro allá. Típico corazón de abuelita –dice Mariluz.

De vuelta en el país, Soto supo que en poco tiempo trasladarían a Edson a Santiago y apenas llegó a la Penitenciaría, lo empezó a visitar. Pero no sería la única. Edson recibía visitas de David Carter, “el tipo que le había encargado la droga: un gallo famoso, de estampa, del ámbito delictual”, recuerda Mariluz. Y el brasilero los presentó. Al enterarse de que Raúl era camionero y de las ganas que tenía Soto de generar más ingresos, Carter se interesó en ella: pensó que tendría cubierto el transporte para sus operaciones. La invitó a su casa y le ofreció US$100 por cada kilo de marihuana prensada ingresado.

-Me conformaba con cinco kilos. Pensaba que era tan poco que en un tremendo camión no se notaría. Además, no había que hacer nada, solamente traer. Me floreció altiro la tentación –confiesa Mariluz.

A pesar de que su pareja le recriminaba que siempre bebiera en sus viajes y no buscara más formas de ganar dinero, Raúl seguía viajando y no se convencía. Mientras, Mariluz conversaba con Carter y cada vez lo veía más fácil. Días después, Raúl la llamó desde Mendoza y le pidió que fuera hacia allá en avión. Ella no tenía más dinero que el que guardaba como tesorera del curso de su hijo, pero lo gastó igual, ya que sabía que lo recuperaría. Las palabras de Mariluz habían quedado dando vueltas en Raúl y se había decidido: después de unos tragos con un compañero que ya estaba ingresando drogas, y de conversar con una brasilera amiga de Edson que estaba en el lugar, había aceptado cargar su camión con 110 kilos de marihuana paraguaya.

Al llegar a Mendoza, Soto se sorprendió. Raúl le había hecho caso, pero ella nunca imaginó que fuera tanto. Sin embargo, accedió al instante. Las nevazones tenían el paso fronterizo Los Libertadores cortado, por lo que los siguientes siete días los pasaron arriba del camión cargado con marihuana rumbo a Bariloche, para cruzar la frontera por el paso Cardenal Antonio Samoré, en Puyehue. A pesar de que las policías argentinas y chilenas, además de algunos militares, se concentraban en las aduanas, lograron pasar sin ningún problema a Chile. Era su primer cargamento y recibieron por él más de diez mil dólares. Y la experiencia a Mariluz le había encantado.

La organización
Después de ese viaje desde Mendoza, fueron pocas las veces que Mariluz volvió a acompañar a Raúl. Al llegar a Santiago, ella conoció al proveedor de aquella primera carga. Él era de Ciudad del Este, Paraguay (donde Soto asegura que “están todos los grandes dueños de la marihuana”), y había llegado a Chile para asegurarse de que su mercancía llegara sin problemas. Como no tenía dónde quedarse, Mariluz lo hospedó en su casa, y hablaron de negocios. Le contó de Carter, de Edson y de la vida. Pronto, el paraguayo y Mariluz ya eran amigos.

-Ahí dijo que quería trabajar sólo conmigo, que no quería más gente. Desde ese momento me transforme en el brazo derecho del paraguayo y en el brazo fuerte de la organización en Chile –recuerda ella.

Soto Coronado ya tenía un proveedor y un financista y, como Edson ya había salido en libertad, con un contacto en Brasil. Además, Carter tenía empresa de computación en Renca que serviría para lavar el dinero. El siguiente movimiento para poner en marcha el negocio fue reclutar transportistas. Los nexos que había establecido durante los años que estuvo acompañando a Raúl en sus viajes le facilitaron la tarea. Al poco tiempo ya tenía un grupo de camioneros dispuestos bajo su mando a cargar sus máquinas con distintas cantidades de droga y agentes de Investigaciones en las aduanas que le avisaban cuándo había peligro de ser sorprendidos y cuándo no. “En este mundo todo es bien turbio”, asegura Mariluz.

Mientras el negocio avanzaba mediante conversaciones telefónicas a Paraguay y Brasil, David Carter veía cómo Mariluz cada vez obtenía más poder. Las operaciones que realizaban eran cada vez más grandes, por lo que él le recomendaba constantemente que adquiriera un arma. Y a pesar de que es algo normal dentro del narcotráfico, ella nunca lo hizo. De hecho, son pocas las mujeres que lo hacen.

-Las personas que trafican manejan dinero, por lo que necesitan protección. Pero cuando son mujeres, generalmente no viven la experiencia de defender su nicho de tráfico a balazos, sino que la mayoría de las veces ponen su negocio como quien instala un localito de venta de dulces o helados en la casa –cuenta Víctor Santelices, fiscal adjunto de la Fiscalía Oriente.

Pero lo de Mariluz no era sólo un “localito”. Si bien no era de andar con joyas ni ropas o autos caros, Mariluz ya le había tomado cierto aprecio al dinero. Si siempre fue fanática de los perfumes, desde que empezó a traficar ya no tenía que conformarse con mirarlos por una vitrina, sino que ahora compraba el que quisiera. También su hogar sufrió una transformación: la familia que hace sólo unos meses no tenía para pagar el arriendo, de un día para el otro cambió refrigerador, televisor, equipo de música y cocina por versiones de último modelo. Además, arregló por completo la casa, ya que la pensaba comprar, pero al ver cómo había quedado, la dueña no se la quiso vender. En tanto, los vecinos y familiares se preguntaban por el repentino cambio de los Ocayo-Soto, las visitas esporádicas del paraguayo y las constantes llamadas desde Brasil y Paraguay.

-Yo decía que llevaba salmón a Brasil, lo que era cierto. El kilo me salía mil pesos en Puerto Montt y allá lo podía vender a $14.000 –cuenta Mariluz–. Entonces le dije a Raúl que nos olvidáramos del tráfico y que nos dedicáramos sólo a los salmones. Pero eran tantas las condiciones que nos ponía el SAG y las cuestiones de salud, además de los impuestos... Finalmente no lo hicimos.

Durante tres años, las operaciones coordinadas por Mariluz estuvieron en funciones. Ella se encargaba de organizar el envío desde Paraguay, del transporte, de verificar que la transacción se llevara a cabo sin inconvenientes y de pagarle a los camioneros, quienes tenían claro desde el principio que si había algún problema, “se lo tenían que comer solitos”. Pero Carter quería tomar el control. En 1999, el que sería apodado por la prensa como el “rey de la marihuana”, fue a Brasil para hacerse sus propios contactos y dejar de depender de las gestiones de Soto.

-El paraguayo hablaba directamente conmigo, no con él. Me enojé mucho cuando supe que Carter andaba en Brasil, porque ya se andaba metiendo mucho en lo que era mi territorio –dice Mariluz.
Después de unos días, David Carter volvería a Chile con 560 kilos de marihuana prensada y tras sólo unas jornadas, estarían presos él, Raúl y Mariluz.


La detención
Era sólo cosa de tiempo. Desde hace unas semanas, la policía de Investigaciones había estado siguiendo todos los movimientos de Carter. Sus conversaciones telefónicas habían sido intervenidas y las conversaciones con Mariluz, grabadas. Para ellos, él era quien lideraba la organización.

Cuando Carter volvió, lo hizo con un camión argentino que traía el cargamento de marihuana más grande que se había registrado hasta ese momento en Chile. El 18 de octubre de 1999, una vez en Santiago, el camión se detuvo en Quilicura y la policía le cayó encima en plena transacción. Al interior del vehículo se encontraron 440 paquetes recubiertos con una resina que se utiliza para sortear el control de perros antinarcóticos. La llamada “Operación Semilla” de Investigaciones había tenido éxito. Al día siguiente, la noticia del decomiso y la detención de Carter era portada en los diarios.

Mariluz había intentado avisarle. Sus colaboradores de la aduana ya le habían dicho que esperaban el camión, pero Carter no le hizo caso. Además, era una movida independiente de Soto. Ella leyó sobre la incautación y no se sorprendió: muchas de sus cargas ingresadas a Chile habían sido más grandes, aunque repartidas en varios camiones. Pero, si bien en Investigaciones aseguran que ese cargamento era de su responsabilidad, ella lo niega.

-El camión que vino era argentino y los que yo usaba eran todos chilenos. Aparte, yo nunca me metí directamente en la venta. Yo llegaba al camión, se descargaba y chao. Si hubiera sido droga mía, yo hubiera estado esperando el camión en Quilicura y me habrían pillado altiro. Si por eso a Investigaciones le costó agarrarme –dice Soto.

Los siguientes en la lista para ser aprehendidos eran Mariluz y Raúl. Fuera o no el cargamento decomisado fruto de sus gestiones, los diálogos grabados y la aparente confesión de Carter los había delatado. Ya no había nada más que hacer. La pareja anduvo unos días a la deriva, evadiendo la detención. Incluso se reunieron con un amigo detective de Investigaciones para saber sobre Carter y su propia situación. Su nombre era Guillaume Lassaube y él los presentó ante la Brigada Investigadora del Crimen Organizado (BRICO) como un par de personas que querían trabajar en conjunto aportando antecedentes sobre el tráfico de marihuana, pero en el juicio se estableció que todo había sido una farsa para eludir su responsabilidad. Por lo mismo, todo concluyó con la baja de Lassaube y la captura de Mariluz y su pareja el 24 de noviembre de 1999.

Al año siguiente, ambos serían absueltos, pero en segunda instancia sus condenas a cinco años y un día por el delito de tráfico de drogas fueron confirmadas. Además, se abrieron otras dos causas en las que ella estaba involucrada, aunque asegura que no es así. De todas formas, la volvieron a condenar por otros cinco años. El 15 de noviembre de 2006 se puso una orden de aprehensión en su contra y el 12 de abril de 2007, Mariluz ingresó nuevamente al CPF en calidad de rematada.

-En una carretilla de hilo, siempre la hebra se va a cortar por donde esté más delgada. Y esos fuimos nosotros. Pero si hubiéramos querido agrandar más la situación, lo habríamos podido hacer... Yo asumo que realmente nos equivocamos y quisimos vivir una experiencia... En realidad fui yo, y ahora asumo que tengo que pagar –cuenta Mariluz Soto Coronado, con su malla en el pelo y su delantal a cuadros, antes de volver a la cocina.


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1 comentario:

Anónimo dijo...

me gusta lo que hacés. periodismo de los márgenes.

Se te lee.

Martín.
La periódica reviisión dominical