viernes, 30 de marzo de 2007

LA QUIETA CIUDAD DE ELIÁN GONZÁLEZ

Desde que la Revolución triunfó en Cuba, los relojes de Cárdenas parecieron detenerse. El crecimiento que había tenido la ciudad se paralizó y se mantuvo hasta que un pequeño balsero, en el año 2000, logró posar los ojos del mundo en la vieja y acabada ciudad-puerto. Hoy, Cárdenas es el hogar de museos, monumentos, plazas y un pequeño héroe; se ha convertido en el punto final del peregrinaje para ver a Elián.

Elián González tenía sólo 5 años y lo más probable es que no entendiera lo que pasaba. Su madre lo había tomado y subido a una balsa, junto a otras 12 personas, rumbo a Miami. Sólo tres llegaron a la costa norteamericana, uno de ellos fue Elián. Su mamá y el resto murieron en el camino. Era noviembre de 1999 y en torno a él se empezaba a gestar una de las más grandes disputas de los últimos años entre Cuba y Estados Unidos. Su padre, Juan Miguel, con el apoyo del Gobierno y pueblo cubano, inició un proceso que movió masas y desvió la mirada de todo el mundo hacia el pequeño y lo que pasaba a su alrededor. Se había convertido en el niño símbolo del eterno conflicto entre la isla comunista y el poderoso país del tío Sam. Después de siete meses de peleas cruzadas y gestiones políticas y judiciales, Elián regresó a Cárdenas, su ciudad natal, y lo hizo como un verdadero héroe.
Desde ese día nada fue igual en la tranquila ciudad ubicada a 40 kilómetros del principal centro turístico de Cuba, Varadero. Durante los meses que había durado la disputa por el niño, Cárdenas había saltado a la palestra. Ya no era la prominente urbe portuaria que había sido antes del triunfo de la Revolución y mucho menos un importante centro urbano, pero el arribo del pequeño gran héroe significó, según muchos, un renacer para la ciudad. Todos querían ver de nuevo a Elián jugar con sus amigos, estudiar en su pequeña escuela y vivir junto a su padre. Hoy tiene 13 años y su vida ha tomado un curso normal. Aunque, quizás, no tanto.
Cárdenas es conocida también como la “ciudad bandera”, ya que en ella fue donde se izó por primera vez el símbolo patrio cubano. Fue el 19 de mayo de 1850, pero esa es una fecha que en Cárdenas no representa mucho. En cambio, la principal celebración de la ciudad es el 6 de diciembre. Ese día, todas las escuelas se encuentran en fiesta. Las estrechas calles se llenan de gente con banderas en sus manos e incluso Fidel Castro en persona –si la salud se lo permite– llega a ser parte de las festividades. Ese día es el cumpleaños de Elián González.
Sin embargo, la llegada de Elián no significó sólo un renacer en torno a su figura. Cárdenas tiene historia, museos y monumentos que comenzaron a ser visitados como parte de la peregrinación hacia la ciudad de Elián. Es un pequeño centro provinciano al que, entre bicicletas y carretas tiradas por caballos, le resulta imposible escapar al viejo cliché que surge al visitar Cuba: en Cárdenas el tiempo se ha detenido.

El respiradero de Matanzas
El ingreso a la ciudad anticipa una de sus principales características. A Cárdenas también se le conoce como la “ciudad de los monumentos”. Poco antes del cementerio local –que al igual que en muchas otras urbes cubanas se encuentra en la entrada–, una gran escultura con forma de cangrejo da la bienvenida a los visitantes. Y no es por nada. Durante la época de lluvias los crustáceos invaden la ciudad. Salen desde las playas y los montes y su captura se hace fácil. Con ellos se prepara el plato típico cardenense, el enchilao. Primero se cuece el cangrejo. Luego, se abre y se le extrae su manteca. Después, su carne cocida es bañada con distintas especias, salsa de tomate, cebollas y harto picante. El plato, que se puede cocinar con pescado o langosta y se acompaña con arroz blanco, frijoles negros y papa, es el destino final de los visitantes sibaritas.
Poco más al interior de Cárdenas, las calles son pequeñas. Los cables de electricidad se entrelazan como telarañas y bajo ellos las bicicletas y las carretas dominan los caminos. Y también tienen sus respectivos monumentos. Al del cangrejo se le suman, repartidos por la ciudad, los de la bicicleta, de la carreta, de las madres, de los distintos héroes de la Revolución y el de la nariz. Este último se encuentra casi a la salida de la ciudad, sobre la calle Calzada, y se erigió debido a que al final de la vía, casi al extremo sur de Cárdenas, hay un complejo habitacional que se conoce como “el Pulmón”. De ahí surge la broma de que los habitantes de Varadero y Santa Marta sean conocidos como los mocos de la provincia de Matanzas.
Además, están las estatuas de José Martí, considerado el padre de la patria, y de Elián González, aunque estos no se encuentran en las calles, sino que están encerradas en un viejo y muy bien mantenido edificio amarillo, el Museo de la Batalla de Ideas.

El gran museo de Cárdenas
Una de las principales atracciones de Cárdenas es el museo Oscar María de Rojas, una enorme construcción colonial de color rosado y blanco que sirvió en sus inicios de casa consistorial y, durante gran parte de los siglos XIX y XX, como ayuntamiento municipal. Hoy se encuentra en la plaza José Antonio Echeverría, donde hay una efigie en honor al revolucionario cardenense que en 1957 logró tomarse la emisora radial CMQ en la capital para anunciar la falsa muerte de Batista. Horas después sería fusilado en la Universidad de La Habana. Elián González es el último, pero no el único héroe de Cárdenas.
Ya desde los primeros años del 1900, el palacio cuadrado que en su frontis cuenta con una serie de arcos y un reloj detenido en su parte más alta, se empezaba a convertir en museo, pero no se consolidaría hasta la década del ’60. Con el triunfo de la Revolución, los cardenenses se reunieron y donaron todo tipo de artículos del interés más general.
El recorrido guiado por la exhibición dura alrededor de una hora. En las salas desplazadas alrededor del patio central, se puede encontrar una interesante mezcla de lo que hay en cualquier museo. Retratos y bustos de personajes históricos, una antigua e incolora bandera de Cuba, ilustraciones de artistas alemanes, documentos y cuadros de momentos importantes en la historia cubana y de otros que a nadie le importan. Además, hay colecciones de artículos pertenecientes a Martí, de máquinas utilizadas para la tortura de esclavos, de objetos arqueológicos del extinto pueblo precolombino de los Tainos, de espadas y armas de fuego de todo el mundo, de fotos de distintos períodos de la historia de Cárdenas, de campanas, de aves y reptiles disecados, de esqueletos humanos con deformaciones y patologías óseas, de escarabajos, de mariposas, de botones y una leona que escapó de un circo hace algunos años y que fue embalsamada y parece, más bien, un peluche viejo y descuidado; todo mezclado en las distintas salas que conforman uno de los más completos museos de Cuba.

Las dos casas de Elián
El viejo edificio amarillo de tres pisos, en medio de casas despintadas, no pasa desapercibido. Está justo al frente de la plaza José Antonio Echeverría y en su parte más alta dice “Cuartel de bomberos, 1872”. Pero no hay ningún carro bomba en su interior. Desde hace cinco años que la construcción es uno de los lugares más visitados de Cárdenas. Pocos lo conocen por su verdadero nombre, el Museo de la Batalla de Ideas. Sin embargo, todos lo apuntan cuando se pregunta por el Museo de Elián.
La bienvenida la da la enorme escultura de Martí con un niño en brazos. A su derecha, hay una sala con fotos y frases que introducen al tema central del recinto: el conflicto cubano-norteamericano; a la izquierda, el salón que todos quieren ver, el más grande y famoso, el salón de Elián González.
Recién al ingresar al aula uno puede figurar la real importancia de Elián. Lo primero que se ve es una escultura de tres metros en la que sale el infante caminando sobre varios brazos que se alzan para sostenerlo. En su mano derecha tiene una figura de Superman que parece querer lanzar lejos mientras una bandera cubana lo abraza.
Cubriendo las cuatro paredes de la sala hay paneles con extractos de discursos y coloridas imágenes del movimiento que unió a miles de cubanos bajo la arenga “Salven a Elián”. Hay también una maqueta del Tribunal Antiimperialismo de La Habana, dos poleras del pescador que lo rescató, cuadernos de sus compañeros de curso, una cruz otorgada por una religiosa a su familia, los reconocimientos que recibió su padre y las ramas que un grupo de indios Sioux usó en un ritual junto a él cuando el niño aún se encontraba en Estados Unidos. Todos los recursos eran válidos para recuperarlo y lo que quedara de eso, digno de ser preservado.
El pequeño museo se encuentra sólo en el primer piso. El resto de la construcción es utilizada como centro cultural. Cuenta con una biblioteca pública, salas donde se imparten clases y un patio interior donde se realizan diversas actividades culturales en las que participa, incluso, el mismo Elián.
Unas cuadras más hacia el interior, se encuentra una pequeña casa que no resalta entre las demás, pero es distinta. Está justo al frente del monumento a la bicicleta, es de color crema con pilares café, tiene sólo un piso y en el frontis hay un columpio blanco, signos de la presencia de mascotas y un hombre que vigila cada movimiento que ocurre alrededor. Es uno de los tres guardaespaldas que siguen a Elián día y noche y si ve a alguien tomando alguna foto de la vivienda, simplemente, requisa la cámara. Es que Elián se ha convertido en uno de los héroes en vida que aún quedan en la isla y hay que cuidarlo cueste lo que cueste.

Las ruinas del Espigón
Cárdenas está fuertemente ligada al turismo, aunque de manera indirecta. No cuenta con hospedajes para turistas, pero es donde vive un gran porcentaje de los trabajadores de Varadero. Sus calles, en su mayoría angostas, están copadas de gente en bicicleta y carretas que van lentamente de un lado a otro.
Frente a la enorme iglesia de la Inmaculada Concepción está una de las pocas estatuas que existen de Cristóbal Colón y la primera que se construyó al almirante en toda América. De ahí el nombre de la plaza: Plaza Colón, donde el templo, que actualmente está siendo restaurado, es la construcción más imponente. Es de piedra y antiquísimo. Por ahora, sus enormes y pesadas puertas de madera se encuentra cerradas y la religión católica, que según los cubanos es minoritaria, se expresa en pequeñas iglesias repartidas en la ciudad.
Al final de la calle sobre la que está la pequeña casa de Elián, se encuentra el que fuera hace muchos años un fructífero puerto. Antes del triunfo de la Revolución, al Espigón, llegaban embarcaciones de gran calado cargando especies de todas partes del mundo y a buscar las que Cuba tenía para ofrecer. Junto a él había una gran cantidad de casas comerciales y la antigua fábrica de Havana Club, el principal ron de Cuba.
Actualmente, el Espigón es un conjunto de ruinas abandonadas. Frente a él hay un enorme mástil. Es el monumento a la bandera. Muy rara vez se iza la bandera, pero cuando flamea, es enorme. Según cuentan, incluso puede ser vista desde Varadero.
Las casas comerciales cerraron con el triunfo de la Revolución. Ahora son sólo enormes galpones destruidos y abandonados, y la vieja fábrica de Havana Club, con sus enormes chimeneas e instalaciones a medio derrumbar, aún funciona como fábrica de ron y caramelos a base de melaza de caña, aunque a pequeña escala.
Hoy Cárdenas, al igual que muchas otras ciudades de Cuba, está despintada, a medio derrumbar y con espacios que lentamente se están recuperando. Sólo basta con darse el tiempo de recorrer y descubrir los sitios que esconde la ciudad del pequeño gran héroe de la Revolución, el santuario de Elián González.

Publicado originalmente en Qué Pasa (30/03/ 2007)

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