¿QUÉ TANTO PROTEGE UN TÍTULO FRENTE AL DESEMPLEO? REFLEXIÓN SOBRE LA CRISIS DEL DESEMPLEO ILUSTRADO EN CHILE

Durante décadas, el título profesional fue entendido como una garantía de movilidad social y protección frente al desempleo en Chile. Pero los últimos datos sobre desempleo ilustrado muestran que esa promesa enfrenta hoy límites cada vez más evidentes. A partir de las cifras recientemente publicadas por el Observatorio del Contexto Económico UDP (OCEC-UDP) y de los hallazgos del policy paper que presenté junto a mi equipo de investigación para el Magíster en Políticas Públicas UDP, esta columna reflexiona sobre el creciente desajuste entre la expansión de la educación superior y la capacidad real del mercado laboral para absorber capital humano calificado.




Esta semana, el Observatorio del Contexto Económico de la UDP (OCEC UDP) publicó un nuevo informe con datos muy preocupantes: el "desempleo ilustrado" (titulados/as de la educación superior sin trabajo) alcanzó un récord histórico de 8,6% en el trimestre enero-marzo 2026. Más alarmante aún, la desocupación de quienes tienen educación universitaria completa llegó al 8,9%, igualando por primera vez la tasa de desempleo nacional.

Hace apenas unas semanas, junto con Jennyfer Gomez y Cristóbal Morgado defendimos nuestra tesis del Magíster en Políticas Públicas UDP abordando precisamente esta falla que evidencia una tensión persistente y profunda entre la creciente oferta de capital humano calificado vs. la demanda de una economía de bajo dinamismo y poca capacidad de absorción. Al cruzar las revelaciones de nuestro Policy Paper con los nuevos datos del OCEC-UDP, el diagnóstico es claro:

1. La desmitificación del “escudo protector” de la credencial académica: En 2010, la ventaja del título profesional frente al desempleo general era de apenas ~1,9 puntos porcentuales. Hoy esa brecha prácticamente parece haber desaparecido. Si bien es la foto de un momento (porque la brecha apenas se ha movido ~0,2 puntos porcentuales en 15 años), es clave entender que esa protección existe, pero no es automática y opera en márgenes mucho más acotados de los que se creía, permitiendo que en ciertos momentos críticos de los ciclos económicos –como este– las tasas de desempleo general (TD) e ilustrado (TDI) tiendan a converger.

2. La PEA con estudios superiores se ha duplicado: Esto cada vez será más común, pues la composición de la fuerza laboral se ha profesionalizado a un ritmo frenético: la población económicamente activa con educación superior pasó de ser el 21,1% (2010) al 41,5% (2026). ¿Qué significa? Que inyectamos talento masivamente (shock de oferta) a una matriz productiva de bajo valor agregado que no logra absorberlo con la misma velocidad ni complejidad.

3. El drama juvenil y la "puerta giratoria": El nuevo estudio muestra que el desempleo en profesionales menores de 30 años se disparó al 17%. En nuestra investigación demostramos que esta tendencia ha sido constante en los últimos 15 años, y que más del 70% del desempleo juvenil ilustrado corresponde a cesantía y no a búsqueda de primer empleo. Es decir, el problema no es solo "entrar" al mercado; el/la joven entra, pero choca con un mercado que demanda experiencia práctica que no tiene (skill mismatch), rebotando rápidamente hacia la desocupación.

4. Un fenómeno con sesgo de género: Los datos del OCEC-UDP confirman que las mujeres profesionales enfrentan un mayor castigo (9,3% de desocupación frente al 7,9% de los hombres). Sin embargo, como advertimos en nuestro estudio, esta es solo la punta del iceberg: la "inactividad invisible" oculta a miles de profesionales que abandonan la fuerza laboral debido a normativas rígidas (como el Art. 203 del Código del Trabajo) y la falta de corresponsabilidad en los cuidados.

¿Qué se hace, entonces? Ir de la inercia a la política pública. Lo que planteamos en nuestro trabajo es que el Estado no puede seguir financiando a ciegas trayectorias que terminan en frustración. Necesitamos transitar desde una política de acceso a estudios superiores hacia una Gobernanza de la Oferta, condicionando gradualmente el financiamiento a indicadores de empleabilidad. Además, urge implementar un Sistema Nacional de Aprendizaje Práctico (formación dual) para frenar la rotación juvenil, y tratar la información de vacantes y competencias del mercado como un bien público a través de una Plataforma de Inteligencia Laboral, que permita una toma de decisiones basada en evidencia y una coordinación mayor entre la intensidad de la oferta formativa y las reales demandas del sector productivo.

El título no ha perdido su valor social, pero tampoco es una garantía automática en el mercado frente al riesgo del desempleo. Queda claro, eso sí, que es hora de hacerse cargo del desajuste.


Breve reflexión basada en el Enfoque Laboral N°64 (Bravo, 2026) y nuestro Policy Paper de Magíster en Políticas Públicas (Figueroa, Gómez & Morgado, 2026)

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